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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Tocando el violón

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 20 de mayo de 2007, 21:58 h (CET)
No iba a ser mala cosa hablar de los contrapuntos del violón o contrabajo en plena actuación musical; constituyen un punto de apoyo artístico, esencial para las armonías de una composición que se precie. Hoy, sin embargo, intento acogerme a esa acepción más burlesca y chistosa de un manejo social del violón, sin ambages; equivale al disfrute y aprovechamiento de la poderosa influencia de la CONFUSIÓN. El violón social es eso, confusión y ausencia de fundamento. Tiene ventajas notorias, no exige solfeo ni grandes aprendizajes.

Mucho se puede hablar de estética, educación o culturas. Se habla, sí, no se para, continuamente están estos conceptos en el candelero. Pero, ¿Qué ocurre?, que una cosa es fardar, ya de por sí un tanto abusiva; siendo muy diferente la adquisición de una capacidad adecuada para captar el arte o la belleza. En la vida corriente es muy chocante esa diferencia entre quien alardea de casi todo y quien domina los entresijos de los asuntos en cuestión. Las manera del comportamiento de unos y otros son diametralmente opuestas. Abundan esos EGOS PREPOTENTES, portadores de una vacuidad frustrante.

El Washington Post acertó en la diana cuando intentó la búsqueda de la respuesta a la pregunta sobre la sensibilidad estética de la gente en este siglo XXI. Ha sido muy comentado el experimento llevado a cabo. El virutuoso violinista Joshua Bell colocado fuera de sus escenarios y elegancias habituales, entre las papeleras y el gentío presente en pleno metro de la gran ciudad. La magia de su concierto no consiguió conectarse con personas capaces para detectarla. La prisa y el bullicio alimentaron el escaso conocimiento. Apenas una señora que le recordaba de la televisión y la inquieta curiosidad de los niños ante los agudos sonidos del violín. Dominaba el desentendimiento del público, el gran violinista pasaba por un artista callejero cualquiera.

Estamos ante una expresión descarnada de la zafiedad y el desinterés por las buenas cualidades. Frente a ello, es notorio el dominio de otras lindezas, como el día a día presuroso, las carencias educativas, la frivolidad ambiental, etc. La escasez de cualidades genera una nueva MARGINACIÓN; se caracteriza por esa incapaciad e impotencia para la captación de los detalles más maravillosos. Si todo parase en la anécdota de un violinista, como un suceso aislado no crearía entidad. Por mal fario, en las diversas áreas sociales se barruntan ignorancias, desdenes como los apuntados. ¿A qué interesarnos por esos curiosos despropósitos?¿Qué reflejan? Claman por una necesaria dosis de humildad; a la vez que manifiestan la parafernalia, con visos de falsedad, cuando esos marginados culturales intenten imponer sus opiniones, gratuitas e infundadas.

Con frecuencia asoman al ámbito público referencias a la INTIMIDAD de las personas, menciones sobre sus características más íntegras y recónditas, íntimas; casi, casi, sus verdaderas esencias. Quizá intenten mostrar unas y se les asomen otras que no pretendían enseñar. Que si tal ricachona se ata a un arbolito con cadenas de oro,¿Verdadera sensibilidad?¿Defensa del arbolito en cuestión?¿Intento de preservar los alrededores de sus pinacotecas? Otras veces domina el ocultamiento de unas inquinas muy arraigadas; al rival político ni agua, ni alabanzas, ni día sin insultos. No digamos de las supuestas interioridades de los artistas enamorados, ediles representantes del pueblo, constructores esforzados en la creación de empleo; con trapos teñidos de toda clase de porquerías y ríos subterráneos de millones, ríos o sacos llenos de billetes. ¿Qué pasó con la intimidad?

Tocando la fibra de la intimidades, comprobaremos también como se acaba tocando el violón; sobre todo si aquello tan particular y peculiar de cada individuo, o individua, acaba publicado por todas las pantallas o periódicos. Ocurre algo similar cuando se editan diarios íntimos y personales, o definidos como tales. O son, o no lo son; esa definición de íntimo para lo proclamado en cualquier esquina, no casa bien. ¿Intimidades? Si quedan como tales ... guardadas. Si se han publicado por accidente ... violadas. Si se prepararon minuciosamente para salir a la luz pública ... falsedades. Según la idea de la falsación de Popper, la intimidad quedaría inaccesible; y las peripecias narradas a todos los vientos ... puro folletín. ¿Falacias? ¿Facetas? ¿Frivolidades? ¿Frenesí de auténtica locura? ¿Cara dura? De nuevo presenciamos comportamientos alejados de la mínima cordura y armonía.

Resulta muy apropiado para los comentarios de hoy el concepto de PARALAJE, las posiciones aparentes de los astros en la bóveda celeste y en los mapas, se aprecian de forma diferente según el punto desde donde se les observe. La romántica luna vista desde mi domicilio o desde la estación espacial. Aún son más asombrosas estas apreciaciones si las aplicamos a las actitudes sociales, pequeños cambios de orientación transforman diametralmente las visiones. Es una contraposición cómica, mientras no alcance extremos de gran corrupción, ni acabe en sucesos trágicos.

Una cosa es que los hermanos Marx, Groucho y Chico, sentados en un estrecho banco del parque se vean apretaditos; Chico empuja a Groucho y lo tira al suelo. Groucho se queda mirando y Chico le comenta:"Le ofrecería mi asiento, pero estoy sentado yo". Por el contrario se agrandan las dimensiones con los hechos circundantes, no es necesaria demasiada búsqueda. Que usted escucha comentarios sobre NAVARRA; en campaña electoral, entre navarros, con los partidos políticos vascos, del Osasuna, ¿Cuántas Navarras? ¿Se miente o no cuando se silencian las NEGOCIACIONES con ETA? ¿Dónde hemos ubicado el observatorio? es más, con la referencia a los pelotazos económicos, el paralaje se aprecia según la dirección geográfica a la que apunte el objetivo de la cámara. Aparecen ciudades como Irún o Marbella con todas las aureolas. No son las únicas. ¡Quítate tú, que me pongo yo! ¿Diálogos? No nos engañemos, las admoniciones y monólogos reinan.

Tocando el violón de las grandes palabras y las grandes nociones etéreas o esotéricas, para los encandilados ciudadanos, esto simula un auténtico paraíso. Mientras, ejercen a pleno rendimiento las baladronadas más infames, los insultos y las tropelías. Una actitud esquizoide y peripuesta, con un beneplácito general más que aceptable, hasta folclórico. Si no fuera así, ¿Cómo iban a mantenerse estos rumbos?

Ya no el disfrute, ¿Quién es capaz de distinguir la pieza que toca el violín? Si toca bien o toca mal ..., toca y acompaña, no somos mucho más exigentes.

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