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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

¿Y dónde el meteorito?

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 19 de mayo de 2007, 22:17 h (CET)
Era ya muy entrada la tarde del jueves 10 de mayo cuando un gran estruendo se hizo vibrar en el despacho, en su mayoría de cristal, donde me encontraba. Me levanté en el acto y me sentí presa de una sensación extraña. Estaba sola, el teléfono había dejado de sonar por unos instantes. Apenas fueron unos segundos pero el ruido del golpazo fue atronador y, más llamativa aún, fue la sensación de temblor y miedo que me embargaba. Me quedé paralizada, sin saber qué pensar, quizá un camión cercano en obras..., puede que un brutal accidente..., o un cruel atentado como el que viví en Levante, viniendo de la playa... El suelo se hizo eco de aquel suceso extraño y bajo mis pies me sugería multitud de respuestas.

También pensé que podría ser un terremoto, pues los cristales tintineaban como nunca lo habían hecho anteriormente o un choque de aviones y, sin poder dar una explicación a lo que estaba pasando, me asomé por los cristales, atisbando por entre las persianas, cuyo temblor anterior me hubo asustado y comprobé que en el exterior todo estaba de lo más normal: los niños correteaban como era habitual a esa hora de la tarde, las mamás departían en tertulias sus opiniones a ritmo de una relajante pelada de pipas, los escasos coches circulaban de manera fluida, los pajarillos revoloteaban como si nada..., nada, pero nada hacía pensar que aquel estruendoso ruido se debía a algo extraño o excepcional, como por ejemplo un meteorito que se inmiscuía en nuestras vidas a la par que en la atmósfera.

Este inicio de escrito que podría pertenecer al comienzo de un cuento o novela de ciencia-ficción fue una realidad muy posible para los muchos habitantes de la zona centro de España, concretamente el suceso se dejó notar en poblaciones como Villarrubia de los Ojos, Daimiel, Malagón, o Torralba por citar algunos municipios, todos ellos de Ciudad Real, pero también la bola de fuego se dejó ver en la provincia de Valladolid y en algunas zonas de Andalucía o Levante.
Fue un meteorito, ésa ha sido la explicación que nos han dado los expertos en fenómenos interestelares cuando se han visto obligados a convencernos de lo que realmente pasó en nuestra atmósfera terrestre en esa tarde de mayo. Y me pregunto si esos mismos expertos que pueden predecir a 20 años, o a 80 años vista, que un meteorito puede chocar contra la tierra haciéndonos mucho daño, bueno no ya a nosotros, sino a nuestros descendientes, llamémosles nietos o sobrinos-nietos porque el consuelo que nos dejan es que por ley de vida nosotros no estaremos. Lo verdaderamente extraño del caso no son los temblores o el gran estruendo sino que no pueden explicar de forma inmediata, no ya lo que va a sobrevenir sino lo que ha sucedido. Sin embargo, sí seguimos sufriendo en los aeropuertos que nos registren como delincuentes, con sistemas de seguridad exagerados que en un santiamén te dejan desnuda frente a tus familiares y extraños antes de subir al aparato por aquello de la seguridad aérea, y esa otra seguridad aérea, de la que nos pueden avisar de sucesos extraños que han de tener una explicación más o menos racional, estoy segura, no sólo no la aseguran sino que no saben dar explicaciones fidedignas sobre un suceso tan importante como la caída o desintegración de una bola de fuego, bola de fuego que a juzgar por los testigos que la vieron debió ser importante.

Desde los medios de comunicación como éste, se busca un rastro del meteorito loco de media tarde y de momento lo que se ha encontrado en una brizna de luminosidad en las gafas de sol de una concejala, mientras presenciaba la inauguración de un parque. Acto por otra parte muy usual en estas fechas electorales y por lo que no cabe extrañeza alguna.

Gracias a un profesional de la comunicación nos ha sido comunicada la noticia de la importante prueba que es esa fotografía exageradamente aumentada, prueba indirecta del meteoro, pero prueba importante para la Red Española de Investigación de Meteoritos. Otros expertos nos dicen que del meteorito apenas se sabe nada porque los franceses corren que se las pelan en busca de restos de cualquier meteoro y es que las bolas de fuego no suelen caer todos los días.

Pero miles de personas se siguen preguntando dónde cayó el meteorito.

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