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Ganamos y perdimos todos
Antonio Álvarez
El destino es cruel y desalmado. Uno no siente la alegría total que quisiera tener al ver a un equipo como el Sevilla C.F. ganar la Copa de la UEFA, viendo que en el otro lado, el derrotado es el R.C.D. Espanyol, que hace 19 años perdió otra final en los despiadados penaltis. Todo lo que se diga, todos los elogios que hagamos a los periquitos no van a aliviar ni un ápice su dolor. Ser apuñalado dos veces en el mismo sitio, duele, y es atroz. Pero uno tenía que ganar.
Aunque no debería de quedar en el olvido el mérito de los chicos de Valverde, que aguantaron como gladiadores casi una hora de partido, e incluso con el marcador en contra quisieron cambiar el destino. Pero el destino les tenía guardado el suplicio de Tántalo y no el olimpo de Zeus.
El que les escribe saltó con los cuatro goles, lloró cuando Palop le paró el balón a Torrejón y se alegró cuando Javi Navarro levantaba el trofeo diciendo “la segunda, la segunda”. Por eso, no me acaban de gustar las finales entre equipos españoles, ya que, como pasó en la Copa de Europa entre el Real Madrid y el Valencia C.F., uno se queda con una sensación agridulce.
El dios del fútbol es sabio, y sabrá recompensar estas lágrimas pericas.
Igual que supo recompensar al Deportivo, la deidad futbolística guarda, a buen seguro, una gran alegría al Espanyol, al igual que al Valencia –que perdió dos Ligas de Campeones- Como ahora el Sevilla está siendo remunerado por tantos años de penurias y decepciones, los blanquiazules levantarán en un futuro alguna copa europea.
Por su parte, el Sevilla C. F. hace historia, no sólo por ser su tercer título europeo, sino también por ser el segundo equipo en ganar dos veces consecutivas la Copa de la UEFA. Curiosamente, el otro fue el Real Madrid, todo un mítico, casualmente con el que lucha por la Liga. Por lo cual, ya se puede decir –y creo que desde hace tiempo también- que el Sevilla es uno de los grandes clubes de Europa. Espero que el peso de jugar la Liga de Campeones la temporada que viene no le pese mucho.
Lo que ayer hicieron Sevilla y Espanyol fue demostrar que el fútbol español sigue siendo grande, y, quizás, el de más alto nivel del continente. El ataque, la verticalidad, la velocidad, el toque, en definitiva, el fútbol alegre y ofensivo reflejo de nuestro fútbol predominó en Hampden Park. Por todo ello, ganamos y perdimos todos.
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