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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El coctel cumple años

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 17 de mayo de 2007, 21:05 h (CET)
Actualmente son infinidad los coctels que se sirven a lo largo y ancho de las barras de toda clase de establecimientos de hosteleria. Desde la más misera taberna de arrabal hasta el más lujoso y elitista bar, en todas partes sirven cubalibres o gin tonics, dos de los cocteles más utilizados y bebidos en todo el mundo. En un principio el coctel nació asociado a la medicina, o más bien esto era una simple y sencilla excusa utilizada por los bebedores ante una sociedad pacata que condenaba los placeres mundanos. Naturalmente en aquellos tiempos las mezclas alcoholicas eran servidas calientes, posteriormente con la aparición del hielo en cubitos y la sofisticación de la mezcla de brebajes los coctels fueron mejorando y su ingesta fue una prebenda más de las clases más elevadas y pudientes.

Se dice que la palabra “cocktail” viene del francés. Es, como el mismo coctel, también una mezcla, pero en este caso de palabras. La denominación le viene de las palabras “coc”, gallo, y “tail” cola. Y ello es debido a la costumbre que existía de decorar los vasos donde se servía la bebida con vistosas plumas de colores de la cola de los gallos. Hoy todavía subsiste esta costumbre y , generalmente, se suelen adornar las copas o vasos con pequeñas sombrillas de colores u otra clase de adminiculos.

La preparación de un buen coctel es todo un ritual, y eso lo saben bien los buenos barmans. Tanto con el vaso mezclador como con la coctelera establecen toda una escuela de hacer un buen coctel. La justa medida de cada elemento es necesaria para que la mezcla sea perfecta, así como el movimiento, casi artístico en algunos casos, que el barman imprime a la coctelera. Durante muchos años tomar un coctel era algo más que tomar una simple copa.Era un acto de sociedad, de la buena sociedad. En España durante años Chicote en Madrid y Boadas en Barcelona fueron los nombre de referencia en el mundo de los coctels. Hoy, afortunadamente, ya es fácil encontrar buenas coctelerias en casi todas las ciudades de España, y lo que es más importante, buenos barmans que nos hacen la vida más amable con la preparación de un Tom Collins, una Margarita o un estimulante Bloody Mary para las mañanas de resaca. Ya no es necesario viajar a lugares tan exóticos como Singapur para tomar un “singapur sling” en el mítico Hotel Raffles o a Nueva York para saborear un buen “manhattan” en el Manhattan Club donde se inscribe su partida de nacimiento. En Barcelona, concretamente, basta acercarse al Dry Martini para probar cualquiera de estos coctels o saborear alguna de las creaciones de Javier de la Muela.

Los entendidos establecen diversas categorías para los coctels. Así hablan de que pueden ser aperitivos y suelen estar hechos, generalmente, con frutas más bien citricas. Los hay digestivos, que suelen ser dulces y cortos. Nutritivos como el Bloody Mary y su zumo de tomate o alguno nórdico con una parte de pepino. Estan los coctels de sobremesa, estos suelen ser los más tomados dada la amplitud de horario en que pueden ser consumidos. Y, finalmente, tenemos los refrescantes, que no suelen utilizar alcohol y que ahora entre los puntos de la licencia de conducir y esa manía generalizada de llevar una vida sana van a pasar a ser los reyes del mambo de la cocteleria.

En estos días en que todos los partidos políticos vienen inundando nuestro buzones con esas promesas electorales que nunca cumpliran y en los que salir a la calle supone, como mínimo, una agresión a la vista y al buen gusto, con todas esas banderolas y caretos de los aspirantes a la poltrona va a ser necesario refugiarse en el mundo de los coctels aprovechando su 200 cumpleaños.El coctel ha cumplido muchos más años que nosotros, los consumidores de alcohol , llegaremos a cumplir nunca. Mientras los politicos de turno intentan abrumarnos con sus mítines, su palabrería generalmente hueca y sus ventas de humo yo opto por acercarme al Harry's Bar de Venecia y pedir un coctel donde impere el bourbon para ver si el fantasma del viejo Ernest se hace presente entre sus paredes. Siempre será mejor esto que tener que utilizar otro tipo de coctel, el “molotov” para tener que recordarles a nuestros políticos que todavía no han cumplido las promesas que nos hicieron hace cuatro años. Salud y larga vida.

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