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La crispación

Pascual Falces
Pascual Falces
jueves, 17 de mayo de 2007, 21:02 h (CET)
¿Esta usted crispado? Relájese, seguro que en su entorno más próximo lo tiene todo a su favor, además, es lo mejor que puede hacer por su salud. La crispación es una reacción que tiene como consecuencia poner tensa la musculatura con la que movemos el esqueleto y nos desplazamos entre otras muchas actitudes y actividades. Siempre es pasajera, y cede una vez interrumpida la causa que la motivó. Con repetición sostenida provoca stress, y a cualquiera le puede sobrevenir.

La actualidad, “ese arroyo que quisiera ser torrente y que pretende arrastrarlo todo sin que la mayoría de las veces importe nada”, de un tiempo a esta parte repite machaconamente ese término, al que ha de añadirse ahora el clima de tensión electoral, que, como la femenina tensión pre-menstrual es cíclica y también pasajera. ¿Hasta qué punto es evitable? El viejo recurso de “mirar para otro lado”, no siempre resulta útil. En ocasiones, alguien toca en el hombro, y al volverse, ¡zas!, guantazo… como a la chica esa de Bilbao que andaba pegando carteles del PP y le rompieron la cara.

Lo más peligroso es “entrar al trapo” de aquello que crispa, siempre hay alguien o algo que lo hace, y quienes hacen de su trabajo un continuo modo de crispar. En el lenguaje actual, todavía no reconocido por la Academia –que, no tardará en hacerlo-, se menciona al “tocapelotas”, un individuo que tiene, también, ese mismo oficio. De todos modos, unos son más fácilmente irritables que otros ante el mismo motivo; algunos pasan de él (por voluntad o por desconocimiento), y los hay que se complacen en irritarse. La Caracterología de René Le-Senne lo tiene bien estudiado. Quienes se crispan tan sólo por ver actuar con parsimonia a su más próximo, pueden perder todo freno y acabar en los crímenes pasionales, conocidos, también, como violencia de género. La crispación es como el primer grado de otras situaciones mucho más preocupantes, tales como la irritación, o la exasperación.

Comparar la reyerta religioso-política de Irlanda del Norte, con cuantos crímenes se han sucedido como consecuencia del afán independista seudo racial vasco, crispa. Remover la memoria de lo que está sepultado por la Historia, igualmente crispa. Más, no hay que dejarse crispar; ya se sabe, ejercicios de relajamiento, dosis de paciencia, tranquilizantes, etc. Y no se trata de minimizar, ni de dejarlo todo en paz. Siempre habrá quienes no lo quieran así, y eso, crispa… Pero, o se toma sin exasperarse, u otra guerra civil. ¿Qué elegimos? Siempre habrá después un Gil-Robles –político de la República, para los de la Logse-, que escriba un libro titulado: “La paz fue posible”.

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