Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Paz, ¿dónde estás?

Octavi Pereña
Octavi Pereña
miércoles, 16 de mayo de 2007, 22:10 h (CET)
Alice Walker, ganadora del premio Pulitzer 1982 se hace esta reflexión a través de unos personajes de su novela “El templo de lo que me es familiar” : “Cuando me preguntas sobre la paz, Suelo, - dijo la señorita Lissie, - si alguna vez en todas mis vidas ha experimentado la paz, estoy muy confundida. ¿Es posibles que después de centenares de vidas no haya conocido la paz? Esta parece ser la realidad. Vida tras vida he conocido la opresión: de los padres, hermanos, parientes, gobiernos, países, continentes. Así como de mi propio cuerpo y mente”.

Alice Walker llega a la conclusión de que no hay paz. Las evidencias diarias lo confirman. Los registros históricos lo atestiguan. La Historia la escriben los vencedores con la tinta roja de la sangre vertida por los combatientes de todos los ejércitos. Así se escribe para la posteridad que no quiere recuperar la memoria histórica de los sufrimientos y vejaciones padecidas por la gente que nada se les ha perdido en las guerras provocadas por la insensatez y el ansia de poder de unos pocos. Llegamos a la conclusión de que no hay paz. Cuanto más se habla de ella más se aleja de nosotros. No podemos alcanzarla. Se multiplican las conferencias para conseguirla , pero se escapa como el agua que pretendemos retener en el cuenco de la mano. Alicia Walker dice una gran verdad cuando afirma que la paz no la encuentra ni en la familia, ni en los gobiernos , ni en sí misma. La razón es muy simple: La paz no existe en el corazón humano. No puede brotar de una fuente que da violencia. Hemos de preguntarnos por qué algo tan vital para la felicidad humana sea inalcanzable. ¿Hemos de resignarnos a un triste destino? Recuerdo de mi infancia una escena de la película Blancanieves. La perversa madrastra baja al sótano del castillo enfurecida al descubrir que su hijastra que compite con ella en belleza no ha muerto, para preparar la pócima con la que pretendía matar a su contrincante. Una calavera extiende su brazo a través de la reja de la mazmorra en que se hallaba, en un vano intento de coger una vasija de agua que se hallaba fuera de su alcance. Una persona murió queriendo alcanzar el agua que le reportaría vida. Algo parecido nos ocurre en el intento de alcanzar la paz. Morimos sin obtenerla.

¿Qué nos dice Dios al respecto? “Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto y sus aguas arrojan cieno y lodo. No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos” (Isaías,57:20,21) La palabra clave de este texto es «impíos». Este tipo de personas no pueden tener paz porque son como el mar en tempestad. ¿Nos imaginamos quienes son los impíos? Tenemos la tendencia a relacionar-los con personas de baja condición social, que viven en la marginalidad y que se dejan guiar por sus bajos instintos. No es este el concepto que la Biblia tiene del impío. Para ella, «impío» lo es cualquier persona que da la espalda a Dios. Que vive como si Dios no existiese. A este conjunto de personas la Biblia las sitúa en el mundo. Un mundo en el que Dios no cuenta para nada. El mundo no lo constituye una pequeña fracción de la humanidad . Casi toda la población se encuentra en el mundo. Es por ello que la gente que se encuentra en el mundo sin Dios no pude gozar la paz porque es como el mar en tempestad.

Es el mismo profeta Isaías quien anuncia el nacimiento de un niño que se le llamará «Príncipe de Paz» (9:6). Es en Navidad cuando en la persona de Jesús recordamos el nacimiento del «Príncipe de Paz» profetizado por Isaías. Durante su ministerio público, Jesús, entre otras cosas dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo os la da” (Juan,14:27). Los cristianos al constituir instituciones eclesiásticas hemos tergiversado el mensaje de Jesús. En vez de enseñar a los impíos a ir a Cristo para que encuentren la paz de Dios que los convierte en pacificadores, lo que hacemos es abrir las puertas de nuestras instituciones para que en ellas encuentren el sosiego anhelado. Ello hace que las iglesias, grandes o pequeñas; ricas o pobres, se conviertan en promotoras de violencia. Jesús no dice a los impíos que vayan a las iglesias, los invita a ir a Él para que encuentren la paz que no pueden encontrar en ningún otro sitio aún cuando lleve un nombre tan excelso como iglesia, o persona. En Cristo, los corazones que son mares tempestuosos se convierten en balsas de aceite que pacifican el entorno en el que se encuentran.

Noticias relacionadas

Trampantojos esperpénticos

Quiero una democracia como la sueca, no una dictadura de izquierdas demagógicamente mal llamada democracia como la que tenemos en España

Ministra de Justicia, Garzón, un comisario, Sánchez e Iglesias

¿Pero qué pasa aquí?

¿Son útiles las religiones?

El sincretismo religioso conduce a no creer en nada

El día de…

Nos faltan días en el año para dedicarlos a las distintas conmemoraciones y recordatorios

Como hamsters en jaula

​Hermanos: estaréis de acuerdo conmigo de que los acontecimientos políticos están pasando a una velocidad de vértigo
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris