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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Carteristas y políticos

Antonio Cánaves (Palma)
Redacción
miércoles, 16 de mayo de 2007, 22:11 h (CET)
El aflorar de los casos de corrupción durante el ultimo año, pone de relieve, que durante los últimos 30 años, la inmunidad ha sido y es el marco del que se han servido los políticos para cometer todo tipo de atrocidades e injusticias, desde llevarnos a una guerra a saquear las arcas del Estado. Una vez alcanzado el cargo, se revisten de una autoridad fuera de toda duda, la dogmatización del cargo. En lugar de tener un sistema sancionador más duro que el de cualquier ciudadano, se le otorgan privilegios que les dan mayor oportunidad de negocio y enriquecimiento, al estar a su alcance información privilegiada. La estafa, la prevaricación, el cohecho, el engaño, la especulación, la evasión de capitales y otros muchos delitos de guante blanco, cuyas penas son inferiores a las de delincuentes comunes, son moneda de cambio entre políticos y potentados, dándose la paradoja de que la cuantía de un solo delito económico político, puede ser superior a todo lo expoliado por el conjunto de los delincuentes comunes en prisión.

Dormidos en la autocomplacencia, deberían ser los mismos políticos que exigieran un sistema penal proporcional, es decir, que si un ladrón roba a una persona, debe rendir cuentas del robo a una persona, pero si se aprovecha del cargo para especular, enriquecerse o roba de las arcas de la hacienda publica, debe rendir cuentas del robo ante la ley, como si el robo fuese a cada uno de los ciudadanos.

Como con el dogma religioso, el ciudadano desvalido ante tanto ladrón instruido, suplica a los jueces como ante Dios, recurre a los intermediarios a sueldo: ahora a los jueces, como antes a los religiosos, para apelar a su intercepción, indulgencia, clemencia o ruego. Postrado a sus pies, el ciudadano acatando los veredictos de los nuevos dioses, que no mueven un dedo para frenar, no ya, que unos hombres se enriquezcan a costa del trabajo de otros y las desigualdades que de ello se derivan, si no de la simple la evasión de capitales. El pobre, el obrero, resignándose a su situación de expoliado, esclavo, alienado y explotado: vota y calla. Mientras los astutos gobernantes le llaman ciudadano, para que no note el engaño.

¿Pero que se puede esperar de la mayoría de jueces? son los nuevos teólogos de la santa inquisición: el tribunal constitucional, el tribunal supremo son los conclaves supremos, donde sus miembros son los nuevos iluminados que derraman su justicia particular sobre los demás mortales, protegiendo el secreto bancario como el secreto de confesión para que la corrupción de los ricos no tenga fisuras que los delaten.

Pudiera parecer una broma, si no fuera por los intereses económicos que hay en juego, que en la era de las tecnologías informáticas, cualquier ciudadano accediendo a la red, no pueda saber de forma clara y transparente los destinos, pagos y cobros a empresas, servicios y materiales, a fin de saber cual es el origen y destino de todos nuestros dineros, sin que se pueda “perder” un solo céntimo, a sabiendas del ciudadano. Pero no, no están los jueces por la labor. Es mejor dormirse en los laureles y que todo continúe igual, a fin de cuantas ellos están en el grupo de los privilegiados.

Como obrero de Iglesia pobre entiendo que lo único que podemos hacer los pobres, los obreros, es no participar de la injusta “realidad” que nos imponen los políticos, religiosos y ricos dividiendo a la sociedad en ricos y pobres; En nuestra mano esta crear otra realidad, no votando, dándonos de baja de la iglesia en que nos bautizaron, procurar no traer hijos al mundo para que los exploten, tener un solo trabajo, no hacer horas extras y despertar la conciencia o vivir al Cristo para que nos haga ser mas concientes de la realidad que nos une al prójimo y de aquella que nos separa.

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