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Controversias políticas en EEUU e intereses de Irak

Marianna Bélenkaya
Redacción
miércoles, 16 de mayo de 2007, 22:10 h (CET)
En EEUU prosiguen los debates sorbe el proyecto de ley relativo a la financiación de las campañas militares en Irak y Afganistán.

El presidente George Bush no ha convalidado el documento aprobado por la Cámara de Representantes del Congreso. El problema iraquí desde hace ya tiempo se convirtió en componente de la política interna de EEUU y Gran Bretaña, países que cuatro años atrás promovieron la operación militar encaminada a derrocar el régimen de Sadam Husein. A menudo, las decisiones políticas aprobadas para ganar los votos de electores norteamericanos o británicos, contradicen los intereses de los iraquíes.

En esta relación ha sido sintomático el artículo del ministro iraquí de Asuntos Exteriores, Hoshyar Zebari, publicado el pasado 4 de mayo en The Washington Post. El título del escrito dirigido en primer lugar a los norteamericanos y británicos habla por sí sólo: “No nos abandonéis”. La esencia del artículo consiste en que, pese a una situación complicada, en Irak se operan cambios a mejor en todos los ámbitos: desde la seguridad hasta la economía. Según destaca el titular, dichos cambios pueden pasar imperceptibles para los que no viven en Irak, sobre todo en el contexto de impactantes noticias de los atentados terroristas. A primera vista, parece que la guerra está perdida, pero la situación, aunque lentamente, va mejorando. Dada esta situación, la comunidad internacional no puede abandonar Irak a su propia suerte, no puede permitir reducir a cero todos los logros. “Abandonar” significa, antes que nada, la retirada de las fuerzas multinacionales, aunque se trata asimismo de no privar a Irak de la ayuda política y económica por parte de Occidente y los países colindantes.

Encontrándose uno fuera de Irak, resulta difícil apreciar cuán acertado es el ministro de Exteriores al referirse a los logros de Irak. Sólo pueden evaluarlos los iraquíes cuyos testimonios publicados en los medios de comunicación internacionales no son tan optimistas como las afirmaciones de Zebari. Al propio tiempo, también tiene razón el canciller, pues Irak realmente necesita asistencia internacional. La retirada del contingente internacional debe conciliarse con los intereses de los iraquíes y los de la seguridad internacional en general, y no con la opinión de los electores británicos o norteamericanos y, menos aun, favorecer las ambiciones de unos u otros políticos.

Sin lugar a dudas, entre los iraquíes existen actitudes dispares respecto a la presencia de militares extranjeros en el territorio de su país. Sin lugar a dudas, la comunidad internacional está consciente de que tarde o temprano, el mandato de la fuerza internacional expirará. Pero ¿cómo actuar para que la retirada de esta fuerza no parezca una derrota y no conduzca al desenfreno del terrorismo en Irak?

Sobre este tema se sostienen controversias más acaloradas. También ha sido objeto de discusión en la conferencia internacional en Sharm El Sheij, celebrada por los ministros de Exteriores de los países lindantes con Irak. Asistieron a la misma también representantes de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y del G-8, así como de varias organizaciones regionales. A propósito sea dicho, la celebración de la conferencia coincidió cronológicamente con la publicación del artículo de Hoshyar Zebari en The Washington Post. El documento final de la Conferencia reza que la decisión sobre la retirada de las tropas extranjeras de Irak debe seguir siendo de la incumbencia del Gobierno de este país, sin mencionar plazos concretos algunos. Pero el documento señala que el responsable por la seguridad de Iraq es el ejército iraquí. Justamente el cumplimiento de este requisito permitirá proceder a la retirada de la fuerza internacional cuya presencia en Irak no puede ser infinita.

Tal definición es la única fórmula posible de compromiso. Lo explica de la mejor manera el discurso pronunciado por el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, en la Conferencia de Sharm El Sheij. Destaquemos que Moscú siempre planteaba la necesidad de limitar los plazos de permanencia de la fuerza internacional en Irak, oponiéndose, al propio tiempo, a su presurosa retirada, especialmente si como punto de referencia se tomaba la coyuntura política en uno u otro país cuyas tropas formaban parte de la fuerza multinacional.

El canciller ruso subrayó que “en la tesitura actual, la presencia de las tropas de coalición en Irak es un factor estabilizador que previene una guerra intestina de amplia envergadura. Su retirada presurosa y mal preparada acarrearía consecuencias negativas”. Al propio tiempo, Lavrov acotó que “la presencia militar extranjera en Irak no puede ser infinita. Rusia, igual que muchos otros países, se manifiesta por diseñar un cronograma bien pensado de retirada de la fuerza multinacional de Irak. El principal criterio a la hora de confeccionar tal calendario debe ser la disponibilidad real de los Cuerpos Armados de Irak para mantener con eficacia el orden público”.

O sea, no se trata de fijar fechas concretas, como lo exigen algunos políticos norteamericanos, sino de ajustar la retirada de las tropas a la realidad iraquí. Recordemos que los últimos cuatro años ofrecieron elocuentes testimonios de que los intentos de programar cronológicamente el proceso político a menudo se traducen en errores cuya rectificación a menudo se cobra vidas humanas.

Las evidencias apuntan a que el presidente de EEUU, George Bush, en determinada medida ha tomado en consideración la experiencia de los años pasados y ha aprendido algo de sus propios errores. Y hay que darle su merecido al mandatario norteamericano y reconocer que, pese a la amenaza de desprestigiar al Partido Republicano, está dispuesto a responsabilizarse de cuanto sucede en Irak. ¿Qué factor será decisivo: las controversias políticas en EEUU o la situación real en Irak?

¿Atenderá la oposición norteamericana al llamamiento de Hoshyar Zebari a no abandonar a Irak?

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Marianna Bélenkaya, para RIA Novosti.


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