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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La razón del niño

Francisco Arias Solís
Redacción
domingo, 13 de mayo de 2007, 21:22 h (CET)
“Canto y cuento es la poesía,
se canta una viva historia
contando su melodía.”


Antonio Machado

El niño no puede empezar a aprender las letras del alfabeto, no puede empezar a leer y escribir hasta que no empieza a tener eso que se llama uso de razón. No es que el niño no tenga razón antes de usarla -no se puede usar lo que no se tiene- es que tienen una razón intacta, una razón pura. La razón del niño es una razón puramente espiritual: poética. El niño aún antes de vocalizar su pensamiento y cuando lo empieza a vocalizar grita. Y empieza a entender de viva voz el nuestro, mucho antes de usar, de utilizar, su razón pura: de impurificarla.

¿Y qué hace el niño con su razón, si no la usa, si no la utiliza? ¿Que qué hace? Pues lo que hace con todo: jugar. Juega.

El pensamiento es todavía en el niño, mientras es niño, un estado de juego. Y el estado de juego es, siempre, en el niño, un estado de gracia.

Si el niño juega porque es niño o es niño porque juega, pensar es para el niño, jugar, poner en juego, graciosamente, las imágenes de su pensamiento: las cosas; poner que es lo que hacen los niños todas las cosas en juego. Toda razón poética o razón puramente espiritual, es una razón que pone, infantilmente, todas las cosas en juego, pero en juego también puro, de racionalidad intacta.

Los pueblos, como los niños, piensan y creen simultáneamente, jugando: porque su nacionalidad es pura o poética, es decir, divina.

La razón pone todas las cosas en juego de palabras. Las palabras son cosas de juego. Poner en poesía las palabras es sencillamente ponerlas en juego, como hace el niño o el pueblo. Por eso, el estado poético es un estado de añoranza infantil o popular: una añoranza paradisíaca del estado del hombre puro. El poeta añora la infancia, la inocencia, es lo que Nicolás de Cusa denominaba una ignorancia docta, una ignorancia doctrinal y así escribió su tratado “De docta ignorancia”, que es una perfecta doctrinal matemática del analfabetismo.

Por orden alfabético no se puede formar la palabra, la palabra viva: porque la vida es por la palabra, pero no la palabra por la vida, como la verdad es por la palabra, y no al contrario.

Un gran maestro del pensamiento puro, don Miguel de Unamuno, dijo que en Andalucía es donde se habla mejor el castellano de toda España. Y es porque el lenguaje popular andaluz es todavía el más puro, el más poético. Por eso el lenguaje popular andaluz es precisamente el más verdadero o verdaderamente el más preciso. En la profunda sombra del cante “hondo” luce de un modo incomprensible la precisión de la verdad; como en la poesía más pura: la verdad que refleja, o en la que resuena -por la palabra, por la voz, por el grito- esa divina espiritualidad popular o infantil de Andalucía. Y es que el cante andaluz está en la palabra, no en la música: como lo está toda poesía, que es por definición de Carlyle cante hondo, pensamiento profundizado hasta el canto.

Cuando el pueblo canta o cuenta lo que se figura, que es lo que simultáneamente piensa y cree, lo hace divinamente. Las cosas que se hacen divinamente son siempre cosas poéticas. Lo que sustenta el juego espiritual del pensamiento es la poesía.

El pensamiento puro y creador de los pueblos es lo que los pueblos tienen de niños, de infancia permanente. Y más en España, donde la historia de la cultura española en sus valores más puros, está formado en el pueblo español, en el espíritu creador de un pueblo: su poesía y su pensamiento. Y es que, como dijo el poeta: “Todo lo que es vida es sueño. / Y lo que es sueño lo es / porque ante fue pensamiento”.

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