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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

La única pobreza está en mi

Helena Trujillo
Redacción
domingo, 13 de mayo de 2007, 21:22 h (CET)
¿Somos cada día más pobres? ¿Nos influye tanto la política en el desarrollo de nuestras vidas? ¿Está fracasando nuestra sociedad? Podría plantearme muchos interrogantes, pues son frecuentes las ocasiones en las que escucho conversaciones que versan sobre el empobrecimiento de la población, la dificultad para llegar a fin de mes, la quiebra del estado de bienestar, el problema que nos causa la inmigración, etc. Hace unos días, precisamente, me invitaban a leer un artículo sobre la “proletarización de la clase media” y todo ello me hace reflexionar lo siguiente.

¿Somos ciertamente tan pobres o es que somos pobres de espíritu? Nos engañamos a nosotros mismos con tanta queja y tantas excusas. El dinero no se tiene, se produce, es un medio para conseguir cosas, no es un fin. Cuántas veces la gente se justifica en que psicoanalizarse es muy caro, pero luego están las cifras, 18 millones de euros al años en prostitución, personas que se conocen todos los clubes de la costa, otras que se gastan más de 500 euros en una noche en drogas, otros que no reparan en gastos en una cena, ropa de firma para presumir, gastos ilimitados en las vacaciones y así un largo etcétera. No digo que estas cosas no deban hacerse, pero sí les digo que basta de “hacerse el boludo” y creer que el Gobierno o el más allá tienen que venir a solucionarte la vida. Cuando uno quiere, puede. Y cuando uno dice que no puede, señores, es que no quiere.

En toda sociedad hay personas ricas y personas pobres, sanos y enfermos, quejicas y trabajadores; con las diferencias no se puede acabar. La cuestión es decidir en que bando quiere uno estar. ¿Quiero ser un pobre, un roñoso, vivir de mi cuento o quiero ser una persona trabajadora, responsable, generosa? Nuestra vida es una decisión, podemos echarle la culpa a Zapatero o a Rajoy o bien, podemos hacernos responsables de no producir los cambios que cada uno necesita. Para alcanzar eso que decimos desear, algo tendremos que hacer, algo tendremos que cambiar. El error estriba en nuestra intolerancia a los cambios, queremos mantener las mismas ideas, incluso nos cuesta desprendernos del papel moneda cuando puede servir para algo productivo. Preferimos gastar que invertir. Así que no se quejen de ser unos “pobres diablos” y hagan algo por ustedes.

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Helena Trujillo Luque es Psicoanalista Escuela Grupo Cero.

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