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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

La Ramona...

Santi Benítez
Santi Benítez
domingo, 13 de mayo de 2007, 21:22 h (CET)
Decía Santiago Auserón que la mentira es algo que se esconde, para no tener que existir. Es una letra extraña para una canción hecha en este país nuestro de Dalí, en el que la mentira no sólo no se esconde, sino que es usada para esconder la verdad. Un uso común, es decir, no es prorrogativa de algún paleto, se apuntan a ello catetos de todas las especies, tintes y colores. Unos porque la mentira vende, ya sea periódicos o imagen de patriota convencido y defensor de sus vecinos - aunque esa imagen no resista la recalificación de algún terreno o el desecado de algún Marjal-. Y los otros para poder decir que son más papistas que el papa, que la incorruptibilidad ideológica rupestre que los guía bien vale darse algún golpe de pecho y, no lo dudo, el uso de algún cilicio... en la intimidad, eso sí, no vaya a confundirlos alguien con unos desviados del OPUS. Y que me perdonen los del OPUS, que siempre preferiré a una secta reconocida que a catetos que aspiran a defenestrar el Estado de Derecho como máxima ideológica de sus extintas neuronas.

Ese Estado de Derecho que no gusta a ninguno de estos catetos. A unos porque, según ellos, no trabaja demasiado y es muy blando. Pero a estos por lo menos se les ve venir de lejos. Si por ellos fuera reinstaurarían la pena de muerte, pondrían rojos en el paredón, ilegalizarían todos los partidos políticos nacionalistas - que no fuera el suyo, claro-, harían desaparecer el Estado de las Autonomías y liberalizarían el suelo patrio - ¿Qué hay más "libegal" que un campo de golf, un buen hotel de nueve plantas en primera línea de playa o un Marjal desecado para uso y disfrute de los vecinos?-. A los otros porque, según ellos, el Estado de Derecho trabaja demasiado, es muy duro y "atenta contra la democracia y la sociedad civil". Tiene su gracia porque sin Estado de Derecho no existe democracia, al igual que no existe Estado de Derecho sin democracia. Bajo mi punto de vista, de los dos grupos de catetos, este es el peor ya que sabiéndose del todo imposibilitados para cualquier otra cosa que no sea el pataleo, la irrealidad y el onanismo llegan a creerse, en su delirio, que son conciencia de algo. Tamaña es la idiotez que, como supuesta "conciencia" de la democracia, la mayoría de estos catetos ni siquiera son demócratas e incluso alardean de ello en las "revisiones de principios" que hacen.

Se ha hablado mucho de estas últimas elecciones francesas y de la victoria de Sarkozy. Para mi lo más interesante no es que ganara las elecciones la derecha, sino porqué las perdió la izquierda realista. Según el estudio hecho por el periódico Le Mauricien, fue debido a una conjunción de factores. El primero de ello la falta de un programa que refrescara lo ya ofrecido en anteriores elecciones. Sin embargo, el segundo factor, encarnado por el vacío hecho a cargo de diferentes organizaciones mal llamadas de izquierdas, el LCR por ejemplo, que ni siquiera concurrían a las elecciones, fue determinante a la hora de retrotraer el voto de izquierdas. Es decir, estos catetos no concurren en las urnas, ni siquiera creen en la democracia como sistema político válido, pero quieren dar lecciones de democracia. Exactamente lo mismo que la extrema derecha. Con una diferencia: Al desaparecer Le Penn de la ecuación electoral, el voto de extrema derecha se aglutinó en torno a Sarkozy. Es decir, por lo menos los catetos de extrema derecha son útiles.

En nuestro país la extrema derecha concurre a las elecciones de forma camuflada en el partido mayoritario de la oposición - aunque "Fedeguico" Jiménez LoSantos discrepe-. Y la izquierda realista arrastra el mismo problema que en Francia. Esto es sobre todo evidente cuando logra gobernar. Históricamente, es en ese momento en el que aparecen iluminados, pitonisos, defensores de la libertad y los límites del Estado de Derecho... para lo que les interesa, claro. A todas estas, al Estado de Derecho le importa bien poco la opinión de los catetos, sean de uno u otro pelaje. Y hace bien, porque él es el único garante de las libertades y límites de las responsabilidades del individuo en nuestra democracia. Si hiciera caso de tanta monserga es muy posible que termináramos todos matándonos a palos por las calles - cosa que no dude desee alguno de estos catetos-.

Hay ejemplos de sobra para ilustrarlo. Empezando por la "tregua" de ETA. Para los catetos de la derecha se estaban haciendo demasiadas concesiones. Para los de la izquierda demasiado pocas. Y mientras, como es lógico, el Estado de Derecho detenía al aparato logístico de la banda terrorista, encausaba al aparato financiero y propagandístico de estos miserables, hacía cisco la organización de la Kale Borroca y continuaba deteniendo etarras. Siguió haciendo su trabajo con independencia del desarrollo de cualquier tipo de proceso paralelo. El caso de De Juana es paradigmático en este tema. Los catetos de la derecha querían que se le juzgara por un delito de amenazas como si hubiera cometido crímenes contra la humanidad, y en principio casi lo consiguen. Por otro lado los catetos de izquierda poco más que convirtieron a De Juana en un mártir por la libertad de expresión que no merecía la cárcel por amenazar y señalar a funcionarios y cargos electos con nombres y apellidos - claro, como ninguno de ellos aparecía en los artículos del "mártir"...-. El Estado de Derecho limitó una sentencia exagerada y otorgó el 2º grado a De Juana. Un cateto de derechas, Isidoro Lamas Insua, llegó a escribir que si alguien entraba en la habitación de hospital de De Juana y le descerrajaba dos tiros, él encabezaría un movimiento para pedir el indulto del asesino. Un cateto de izquierdas escribió que De Juana ya había "sufrido" lo suficiente en su vida - algo tremendamente discutible incluso para Gandhi-.

Ya lo último ha sido que el Estado de Derecho hiciera cumplir la sentencia del Tribunal Supremo (TS) que ilegaliza a batatasuna como partido político en nuestro país. Según los catetos de la derecha se ha hecho muy poco en ese sentido en cuanto a las listas electorales que se presentan en Euskadi. Según los catetos de la izquierda la ilegalización de esas listas es un atentado contra la sociedad civil. Yo sigo diciendo que si lo hecho no contenta a ningún cateto es porque lo hecho ha estado de rechupete.

Que hartito estoy de mirar un periódico o leer algún blog y escuchar de fondo esa musiquita que tan famosa hizo Fernando Esteso vestido de cateto... la Ramona pechugona...

Suena de fondo "La Ramona", de Fernando Esteso.

Buenas noches, y buena suerte...

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