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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¡Ya está el Papa en Brasil!

Fausto Antonio Ramírez
Redacción
sábado, 12 de mayo de 2007, 22:21 h (CET)
Hasta el momento, Bendedicto XVI no había hablado todavía a América Latina. A parte de dos breves alocuciones a los nuncios y obispos implicados en la preparación de la Vª Conferencia del CELAM, el único gesto dirigido a este continente del sur ha sido la sentencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, aprobada por el Papa, hacia el teólogo de la Liberación, Jon Sobrino.

Sin embargo, este primer viaje a tierras latinoamericanas pretende ser un freno al continuo descenso de católicos en estos países. Cuando en 1980, Juan Pablo II fue por primera vez a Brasil, los católicos representaban el 89 % de la población. Hoy en día, la proporción ha descendido a niveles del 60 %.

Las causas hay que buscarlas en el creciente número de sectas protestantes y en el despertar de una corriente de secularización impulsada por los regímenes de izquierdas de la mayoría de los países latinos.

El tiempo de los enfrentamientos con la Teología de la Liberación, cuando Joseph Ratzinger era Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, parece estar definitivamente enterrado. Para Benedicto XVI, el compromiso en favor de los pobres y la lucha por la justicia social no son suficientes para el anuncio del Evangelio, porque la opción preferencial por los desheredados de la tierra, debe partir y realizarse a través de un encuentro con Jesucristo.

El Papa se queja de que los teólogos de la Liberación se han dedicado a presentar a un Jesús demasiado humano, quizás alejado de su dimensión salvadora, como así lo considera la sentencia dirigida al jesuita Jon Sobrino.

Sería una pena que la reciente censura al padre Sobrino, justo en puertas de la inauguración de la nueva Conferencia del CELAM, se convirtiera en argumento de fuerza mayor para silenciar las orientaciones y opciones nacidas de las reuniones anteriores, como fueron las de Medellín o las de Puebla.

Esperemos que el paso del Papa por Brasil no le impida encontrarse con una realidad sufriente, desde donde encarnar un discurso menos teológico y más en consonancia con la situación de pobreza que se vive en América Latina y particularmente en el país que ahora visita.

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