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Moratoria sobre el cumplimiento del Tratado FACE

Alexandr Karaváev
Redacción
jueves, 10 de mayo de 2007, 23:16 h (CET)
Era de esperar que en su Mensaje a la Asamblea Federal Vladímir Putin propusiera decretar moratoria sobre el cumplimiento del Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa.

Expertos han venido debatiendo tal posibilidad desde hace tiempo. Pero la moratoria como tal traería escasos resultados. Es que el problema no radica en la moratoria sino en la ineficacia de los principios de seguridad. Rusia de hecho ya ha cumplido el tratado en cuestión (estacionamiento de tropas rusas en Transnistrtia no infringe sus cláusulas), los países de la Europa del Este ni siquiera lo ratificaron. En general, después de la desintegración del Pacto de Varsovia y la ampliación de la OTAN se necesitan nuevos principios de disuasión. Tales principios brillan por su ausencia. No los necesitan EEUU ni los países de Europa del Este recién admitidos en la OTAN. La vieja Europa sí que comparte la opinión de Rusia en el sentido de que es necesario refrendar nuevos principios de la seguridad, pero nadie se toma el trabajo de elaborarlos.

El conflicto en torno a la defensa antimisiles en Europa puso de relieve la situación a que se refirió Putin en la Conferencia de Seguridad (Munich): durante los últimos 15 años, en los temas de seguridad Rusia trató de conciliar su política con la de EEUU. En respuesta, EEUU ampliaba su presencia o interpretaba la actuación de Rusia como retirada forzada. Por lo tanto, el emplazamiento de la defensa antimisiles norteamericana y la invalidez del Tratado FACE son fenómenos de un mismo género.

Vamos a concretar una vez más los argumentos y pretensiones de las partes respecto a la DAM. Se sabe que la DAM norteamericana en Europa del Este se construye partiendo de unos eventuales lanzamientos de misiles balísticos iraníes contra el territorio de EEUU. La defensa de Europa del Este contra misiles de alcance medio corre a cargo de la OTAN. Por lo tanto, con cada país en que serían emplazados elementos de la DAM, EEUU concierta un acuerdo aparte que no guarda relación con los compromisos en el marco de la OTAN.

Moscú reconoce que la DAM norteamericana no representa peligro para las fuerzas rusas de disuasión estratégica, pero tampoco considera necesario instalar tal sistema en Europa del Este. En Moscú creen que EEUU podrá obviar la amenaza de ataque misilístico empleando los armamentos disponibles, sin desplegar nuevas bases. Además, se expresan recelos en cuanto a los efectos que pueda tener la modernización de este sistema. Según pronostica el general de Ejército Yuri Baluievski, Jefe del Estado Mayor General de las FFAA de Rusia, después de 2013, EEUU podría integrar Europa del Este en el sistema global de defensa antimisiles que reduciría a cero la eficacia de las fuerzas rusas de disuasión nuclear.

La reciente visita efectuada a Moscú por el secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, era una especie de continuación de la conferencia telefónica sostenida por Putin y Bush a finales de marzo. En aquel entonces, el mandatario norteamericano propuso a su homólogo ruso celebrar amplias consultas y proporcionar toda la información sobre la DAM. Gates fue más concreto todavía, al expresar que EEUU invitaba a Rusia a tomar parte en la DAM, incluidos los trabajos I + D, así como propuso cooperar en los avisos tempranos sobre lanzamientos de misiles.

Pero Moscú acogió con escepticismo esta oferta por la sencilla razón de que en Polonia, en los silos destinados para los antimisiles bien podrían ser instalados misiles balísticos de ataque. ¿Cómo prevenir esta probable acción de Washington sin tener suscrito siquiera un tratado de DAM? ¿Confiar en las promesas? Los norteamericanos aducen el siguiente argumento: a tenor de los tratados anteriormente suscritos, ellos no pueden instalar cargas nucleares en Europa Central y, menos aun, en Europa del Este. Pero es que la propia rampa de lanzamiento no está sujeta a las limitaciones (salvo el acuerdo bilateral EEUU-Polonia). Así las cosas, ¿cómo controlar la clase de la ojiva?

En opinión de militares rusos, la DAM norteamericana en Europa del Este busca objetivos algo distintos. El radar en la República Checa será integrado con el radar modernizado en Thule (Groenlandia), con el radar en Gran Bretaña, así como con el radar en Alaska. La información proporcionada por estos radares será integrada en un sistema de control único, al que los rusos no tendrán acceso. ¿De qué control puede tratarse en tal caso? Además, para facilitar la asignación de blancos al radar ubicado en la República Checa, EEUU estudia la posibilidad de emplazar en el Cáucaso del Sur otro radar que podría detectar lanzamientos de misiles efectuados en el Distrito Federal Sur y la zona de los Urales.

Si hoy en Polonia se emplazan diez rampas de lanzamiento, ¿quién puede garantizar que dentro de cinco años no aumenten hasta 20 ó 30? Y, por último, no cabe olvidar de la modernización. Pasados cinco años, los antimisiles en Europa del Este podrían ser reforzados mediante el aumento de la velocidad de vuelo y del número de vehículos de reentrada múltiple.

De este modo, haciendo el balance de los argumentos formulados por Rusia podemos resumir: el Kremlin está seguro de que el despliegue de la DAM estratégica norteamericana busca el objetivo de protegerse contra los misiles rusos. El eventual peligro de ataque misilístico iraní se utiliza tan sólo como pretexto. La experiencia de los últimos 20 años de relaciones ruso-norteamericanas evidencia que dada la ausencia de un tratado ratificado, sólo contamos con un acuerdo verbal impreciso y no vinculante. En la situación actual, además, es un acuerdo entre dos “patos cojos”. El mandato de ambos presidentes está expirando. En EEUU tramitará este asunto otra Administración que, con un alto grado de probabilidad, adoptará una postura más rígida respecto a Rusia. En suma, si el problema no se resuelve definitivamente hasta el otoño, la grieta en las relaciones ruso-norteamericanos se ahondará, pudiendo traducirse en confrontación.

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Alexandr Karaváev, Centro de Estudios del Espacio Postsoviético, para RIA Novosti.

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