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Trilogía afgana

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 9 de mayo de 2007, 23:19 h (CET)
Un país deja de existir en nuestros días, en la misma medida en que el interés por su actualidad decae. Es lo que tiene esta hora del mundo, en que no sólo se tiene presente el duro trabajo, el “Mibor”, el “super”, las cosas del barrio, o la boda del hijo -por caso-, sino, también y en demasía, el estruendoso fracaso de “Segolén”, víctima del conocido mal de ojo zapateril que en política exterior no da una. Algunos, como los políticos catalanes, a pesar de todo, siguen si ver “palmo allá” de sus narices.

Esta oteadora columna tiene a su disposición un disco-duro, donde, casi mecánicamente, lo que fue el “día de hoy”, no pasa. Y resulta una buena fuente de enseñanzas, y, ¡de avisos!...

En su momento, después del Once-de-septiembre de 2001, cuando las Torres-gemelas de Nueva York, se lanzó a todos los medios que Afganistán era culpable de alojar al responsable de aquel horrendo atentado, la cúpula de Al-Quaeda con Bin-Laden a la cabeza.

Las gentes nunca habían oído hablar del último, que, por cierto, sigue en paradero desconocido a pesar de la recompensa ofrecida bajo el letrero de “Se busca, vivo o muerto”. Cosa curiosa, en inglés se escribe “dead or alive”, muerto o vivo, lo que modifica radicalmente la intencionalidad de su captura. Pues, ni con esas.

A todo el mundo le pareció muy bien la demostración bélica subsiguiente desarrollada por los EE.UU. Los talibanes merecían ser expulsados, por intolerantes, iconoclastas, y no dejar a sus mujeres pisar la calle sin el burka. Era un régimen terrible y aterrador. Y como tal cuando cayó, las gentes de la Aldea se alegraron. Fue sustituido por un gobierno pro-americano que sólo sostiene su autoridad en los límites de la capital. Ante el recrudecimiento de la endémica guerra civil afgana, con resurgimiento talibán, en enero de 2006 otras potencias tomaron cartas en el asunto, y liberado de su obligación, EEUU pudo concentrarse en el siguiente tirano a derrocar, Sadam Hussein, cuyo paradero y suerte han sido bien conocidos.

Mientras, el país sigue siendo el mayor productor de opio del mundo, y de hecho, hasta que no se recoge la cosecha de amapola no se desempolvan las armas. Los países que tomaron el testigo de los soldados americanos allí siguen todavía, entre ellos España –para cuyos familiares sigue de actualidad-, y cumpliendo un mandato de la OTAN (Organización del Atlántico Norte, bien lejano por cierto de aquellas tierras).

Con los cambios que se avecinan en la política estadounidense no es aventurado suponer que también se marcharán de Irak dejando tras de si otra guerra civil, y soldados de otros países de relevo –esta vez sin españoles gracias a Zapatero, a cada cual, lo suyo-.

¿Será el Irán de los ayatolas el siguiente país para un nuevo episodio de la “trilogía”? ¡Coming soon…!

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