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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Lo que hay de Francia a España

Miguel Massamet
Miguel Massanet
martes, 8 de mayo de 2007, 22:45 h (CET)
Hoy, cuando me he puesto a escribir, podría decir, parafraseando a Alejandro Sanz, que “tengo el corazón partío”. En efecto, mis sentimientos esta mañana están divididos entre dos acontecimientos de diverso signo; el uno, el impactante y rotundo triunfo de Nicolás Sarkozy en las presidenciales francesas y, el otro, el trágala que nos ha metido el Gobierno del señor Zapatero, con su infame juego, para que ETA se pueda presentar a las elecciones autonómicas y municipales en el País Vasco.

Empecemos por el más agradable que, sin duda, es el que nos permite abrigar cierta esperanza de que no todo está perdido en esta Europa de nuestras entretelas. El señor Sarkozy no sólo ha vencido ampliamente, sino que ha convencido. Su aplastante victoria (dos millones de votos más que su oponente) sobre la señora Royal, dicen mucho de la sensibilidad del pueblo francés y de su sabiduría política, que les ha hecho tomar la senda del orden, de la seguridad y de la identidad nacional en contra de la otra alternativa, que significaba la caida libre al abismo del desorden, la inseguridad ciudadana y la ruina económica. El gran derrotado ha sido el, tan traído y llevado, espíritu de Mayo del 68, imbuido de su carga progresista y revolucionaria. En Francia se quería un viraje radical, pero el sentido de este cambio podía llevarla a su definitiva desaparición como nación de primer orden dentro de la UE o, lo que proponía Sarkozy, el nuevo presidente francés, en su programa como objetivos fundamentales: el restablecimiento de la autoridad, la potenciación del trabajo y el esfuerzo personal, y la moral. Este ha sido el eslogan que ha arrastrado a la gran mayoría de los franceses a votarlo.

Su programa es ambicioso y no carente de dificultades. Por ejemplo, se propone reducir la enorme rémora que le supone al país la sanguijuela de cinco millones de funcionarios que se comen una parte importante del presupuesto nacional. Simplemente se trata de hacerles trabajar. Otro de sus objetivos, es rebajar la inmigración exigiendo a los inmigrantes que entren legalmente en el país, que hablen francés y que tengan contrato de trabajo (algo que en la España de Zapatero y Caldera parece casi una utopía). En cuanto al tema de los sindicatos, se propone algo parecido a lo que, en su tiempo, llevó a cabo la señora Thatcher cuando se enfrento a las Trade Unions y las derrotó; se trata de que la huelga se tenga que decidir en un referendo del personal dentro de cada empresa y no bastará, como ahora ocurre, la simple decisión de los sindicatos. Bajará los impuestos y establecerá un límite, de forma que nunca el conjunto de ellos pueda superar el cincuenta y uno por ciento de la renta del contribuyente.

Así y todo, la izquierda Francesa achuchada, tal vez, por las imprudentes palabras de Segolene cuando amenazó con revueltas de la población si ganaba Sarkozy, no ha podido sustraerse a su propia dinámica revolucionaria y su inconsecuencia lógica. Son muy demócratas cuando ganan las elecciones y piden al adversario que respete las reglas del juego, pero cuando pierden (y en este caso por goleada) se olvidan de la democracia y les sale el frente populismo que late en sus venas. El resultado 367 coches quemados y 270 detenidos en diversos puntos de Francia, durante la noche de las elecciones ¡magnífico ejemplo de cómo se las trae esta gente!

Que les voy a decir; siento envidia, sana envidia, de nuestros vecinos los franceses, que son capaces de respetar las normas de la democracia, que saben debatir en TV con ardor, pero con ideas, con propuestas concretas y sobre temas que preocupan a la ciudadanía. Tengo envidia de la participación, cercana al ochenta y cinco por ciento, una muestra del interés que despertaron los comicios y, a la vez, un desmentido a aquellos que dicen que cuando la participación es alta favorece a las izquierdas. Y siento vergüenza cuando miro al otro lado de los Pirineos y nos encontramos ante la antítesis del panorama francés.

Porque, amigos míos, el espectáculo de nuestro país es para echarse a llorar. El Tribunal Supremo se ha visto obligado a limitarse a ilegalizar las listas que fueron impugnadas por el fiscal y el abogado del Estado, quienes han tenido que pasar por la vergüenza de que el propio Tribunal les reprochase no haber intentado ilegalizar a toda la formación abertzale, detrás de la que se esconden los de ETA, la ANV ¡y todavía tenemos que soportar al “iletrado” Pepiño Blanco, el Pepito Grillo socialista, intentando impartir lecciones de derecho a la ciudadanía ¡qué sabrá, este pigmeo, de leyes! Se atreve a decir que el Gobierno ha salido refrendado por el auto del Supremo. Se necesita tener la cara de cemento y la mente de un mosquito para intentar tergiversar el comentario de los magistrados del Supremo: el Gobierno por medio de sus fiscales y abogados ha permitido que Batasuna pueda acudir a las elecciones en el País Vasco ¿Lo entiendes Pepiño?, esto es lo que ha dicho, y no le des más vueltas porque lo vas a marear. Es vergonzoso que los españoles estemos sometidos a este constante bombardeo de mentiras por parte del Gobierno y, es deber de todos sacarles los colores a la cara y enfrentarlos a sus sandeces. ¿Pero quién protesta? Un infeliz insensato. Un servidor.

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