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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los votantes del teatro político

Antonio Canaves (Palma)
Redacción
martes, 8 de mayo de 2007, 22:45 h (CET)
La democracia supuso un avance en relación a los sistemas de gobierno formados por la iglesia-estado: El clero o el soberano ejercía de intermediario entre Dios y los hombres, y las leyes se tenían que aceptar porque solo ellos podían interpretar la voluntad de Dios. El pueblo solo tenia libertad para obedecer, y las leyes eran dogma de fe. Con la democracia las cosas han avanzado poco, pues, no es un sistema religioso, pero funciona como tal.

Ahora los intermediarios son los políticos no los clérigos, solo hay democracia entre los políticos, no entre los políticos y los ciudadanos pobres. Arriba están los que gozan de privilegios y mandan por inspiración divina, solo que las tablas de la ley se han sustituido por la Constitución, que cada gobernante puede interpretar como le venga en gana. El ritual con el que buscan la aprobación del pueblo sumiso, se manifiesta, durante la toma de posesión del cargo, donde obtienen la santidad… de ser un vulgar ciudadano, pasan a ser ilustrísimos, excelentísimo, honorable y otras lindezas, que sirven para establecer las diferencias de jerarquía entre los ricos y los pobres. La puesta de largo para hacer el juramento solemne, por el honor y la patria sobre la Constitución ante el rey, las cenas de gala, son la escenificación de un proceso iniciático, donde el contrayente adquiere un conocimiento superior al resto de los mortales, y por ello, debe gozar de inmunidad para aplicar sus conocimiento sobre las coballas de laboratorio que son el pueblo. Desaparece el lado oscuro y vulgar del político, sus bajas pasiones, el afán de lucro, el egoísmo, el odio, la ambición, la codicia, todas sus negatividades. Todo ello, a los ojos del cristiano de Cristo, es una muestra del infantilismo más lastimero; la representación teatral de una farsa para ser investido de una moral recta y justa. Evadiendo la necesidad de desarrollar un marco jurídico claro contra nuestros políticos, puesto que están en disposición y tienen la libertad de engañar a todo el pueblo al que representan. Que nadie se queje pues, de que los pobres, los obreros no vayamos a votar semejante embuste

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