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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Atención al cuarto poder!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 8 de mayo de 2007, 00:07 h (CET)
Sé que, en algunas ocasiones, rozo en mis escritos el límite de lo que se considera “políticamente correcto” y sé también el peaje que uno debe pagar por hablar sin tapujos de determinadas materias. De hecho, ya he sido excluido de algunos periódicos digitales por tocar temas que no debía lo que me ha costado ser proscrito de ellos. Pero lo curioso ¡pásmense ustedes!, es que yo, que siempre he sido y me he proclamado de derechas, he sido más censurado en la prensa que se caracteriza por su destacada tendencia conservadora. Pero no se trata de hablar de mí, sino de comentar algo sobre un artículo, aparecido en la prensa catalana, que trataba sobre el tema del “poder”. La articulista, puesto que se trata de una mujer, comentaba que tanto a la Iglesia como al gobierno de los estados lo que más les ha interesado, a través de transcurso de la historia, ha sido conseguir el poder. Luego, la escritora, hace la salvedad de que, en la actualidad, la Iglesia ya ha dejado de formar parte de los aspirantes al poder, salvo en los países de oriente medio y asiáticos donde gobiernan musulmanes fundamentalistas, puesto que, el resto los estados, se han ido laicizando. Estoy en lo fundamental de acuerdo con ella, salvo que para mí existe otro estamento que, especialmente durante los últimos cincuenta años ha venido entrando en esta lucha por dominar a los ciudadanos del mundo, se trata del sector de las comunicaciones.

Yo tengo el convencimiento de que los medios de comunicación –y cuando hablo de ellos me refiero tanto a la radio, como las television, la prensa escrita y, últimamente, Internet – han echado su cuarto a espadas para reclamar su parte en el reparto de esta tarta tan apetitosa y deseada como es el poder mandar o influir sobre la ciudadanía. No creo equivocarme demasiado si digo que, el sector mediático, ha adquirido desde hace casi un siglo, y especialmente durante los últimos años, la facultad de presionar e incidir en las masas de una forma definitiva. Lo que se escribe en un diario, lo que se comunica por la radio y lo que se le enseña en las imágenes del televisor o por Internet a la ciudadanía, desborda el ámbito local, se extiende por ámbito nacional y accede al resto de la población mundial sin que exista medio de frenarlo o limitarlo.

De hecho, hemos podido comprobar como los potentes lobbies mediáticos son los que manejan a políticos, consiguen poner y derribar gobiernos y se constituyen en los verdadores depredadores de votos, manejando a su antojo, con su inmenso poder de captación, las voluntades de muchos electores y dirigiéndolas en el sentido que desean.

Una consecuencia de este reciente dominio, ejercido por los grandes grupos de comunicación ha sido, en la práctica, la desaparición del verdadero periodista, del que escribía los artículos expresando libremente su opinión sobre determinados temas, incluso, en ocasiones, en contra del parecer de los directivos del medio. Ha surgido una nueva generación de informadores que, si han querido medrar en el oficio, si han querido ser admitidos en un rotativo o una televisión, han tenido que aceptar plegarse a la línea ideológica marcada por el Consejo de Administración de la sociedad. No voy a citar ejemplos, pero todos sabemos que en nuestro país existen en la actualidad dos grupos poderosos enfrentados políticamente, que son los que, de verdad, están copando la atención, el interés y la orientación del voto del ochenta por ciento (quizá me quedo corto) de la ciudadanía.

Lo malo de que esto suceda es que al público se le hurta la verdad de las cosas al presentar la información pasada por el tamiz y el color de la tendencia ideológica del medio que la difunde. No es raro, diría que muy frecuente, que leamos la misma noticia en un canal de TV donde la pinten como positiva y que, en otro, sea considerada como una catástrofe. Con estos mimbres no nos debemos extrañar de la enorme confusión que existe entre las masas de electores y las polarizaciones que se producen en su seno; extremismos peligrosos, porque apartan al ciudadano medio de una visión objetiva y centrada de lo que está ocurriendo en realidad en la Nación.

Es evidente que quien encumbró a Zapatero, un simple y poco conocido miembro del PSOE de León, a la jefatura de su partido primero, y al gobierno de la nación, después fue el grupo Prisa del señor Polanco. Los que manejaron con maestría el tema de la guerra de Irak, para conseguir inducir a la población, –aclaremos a unos miles de personas que fueron suficientes para desarbolar al PP, los que le cortaron la mortaja a Aznar y los que produjeron en sólo unos pocos días – fueron los periodistas del grupo de Polanco; sin ellos, nada de lo que sucedió hubiera ocurrido.

Lo que acontece, o parece que se está empezando a notar, es que el señor Zapatero está comenzando a querer desmitificar el poder de la prensa y, equivocadamente, se cree que puede prescindir de su apoyo. Ya ha recibido algún aviso del País, desde que las relaciones Polanco Moncloa no son tan fluidas. Creo que éste puede ser su talón de Aquiles. El tiempo lo dirá. Por otra parte, en el PP, no han sido lo especialmente hábiles en conseguir un grupo que hay conseguido modificar su imagen de ser un partido autoritario y restrictivo de las libertades cuando, es evidente, se produce la rara paradoja de que quienes se llevan el gato al agua, en cuanto al recorte de derechos de la ciudadanía, son los que nos gobiernan en la actualidad. ¡Cuidado pués, con este cuarto poder, de él depende el destino político de nuesta Nación! Sin él es casi imposible hacer llegar al ciudadano un programa político y, menos todavía, sacarlo adelante.

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