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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Rosa Díez no entra por el aro

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
martes, 8 de mayo de 2007, 00:07 h (CET)
Admiro a Rosa Díez por varias razones. Fundamentalmente, aunque puede parecer intrascendente es el origen de todo lo demás, rompe los moldes tradicionales de la política española. El primero es el de la primacía de la disciplina de partido, la idea de que todo debe someterse a la ejecutiva correspondiente, que al final siempre tiene razón. Cueste lo que cueste, la voluntad individual debe entrar por el aro de la voluntad suprema y colectiva del partido, que cumple así su razón de existir. Y te ordenan que te calles, sólo si te callas te sonríen, te alaban y te dan palmaditas. Pero ¿y dónde queda la libertad individual, dónde queda la persona, dónde queda el ser humano? ¿Siempre sometido al colectivo? ¿A qué me recuerda esto? Y conste que Rosa Díez ha roto con una norma de obligado cumplimiento en todos los partidos. En todos. Libertad individual.

También la admiro por ir contra el Poder. Para ir contra el poder hace falta ser muy valiente, saber muy bien lo que se quiere y saber de dónde sales y adónde quieres llegar. Significa saber cuánto puedes perder, cuánto quieres arriesgar. Porque ir contra el poder no es sólo ir contra el secretario general del partido, ni contra el presidente del Gobierno, ni siquiera, que ya es, ir contra la corriente general de los militantes borregos, los militantes no pensantes, los militantes durmientes, los que pagan y callan. Ir contra el poder significa aislarse, perder amigos, perder familia, perder saludos, quedarse sola, significa recibir miradas ciegas, significa hostilidad, significa volverte invisible para los que antes eras imprescindible, significa ser la mala, significa dejar de recibir llamadas. Significa soledad, ostracismo, aislamiento. El teléfono deja de sonar porque eres la oveja negra y nadie te quiere a su lado, porque se teñirían de negro también. Preferir la defensa de sus ideas de siempre al sometimiento a las imposiciones ajenas es de gente que no tiene miedo a las consecuencias. Valentía.

También la admiro porque tiene muy claro su orden de prioridades. Antes que el sometimiento a la disciplina de partido, antes que la lealtad a sus jefes, está el sometimiento a sus propias ideas y la lealtad a su propio pueblo. La idea tópica que siempre se nos ha vendido dice que las izquierdas son internacionalistas y no tienen una idea clara y contundente de España y de sus valores más nobles y elevados, que la idea de España, la bandera y la Constitución les trae al pairo. Para ver una bandera de España en un mitin de Zapatero hay que irse a Francia. La izquierda habla del “Estado”; Rosa Díez no, defiende con uñas y dientes una idea de España que englobe a todos los españoles, defiende las ideas de la Transición, con la que quien esto escribe está en absoluto desacuerdo, y de una Constitución como norma legal máxima. Este columnista es radicalmente crítico con la Constitución, que rechaza por injusta, pero entiende que debe ser la máxima norma que nos rija de forma absolutamente válida, mientras no sea democráticamente sustituida. No hay alternativas a una Constitución democrática salvo otra Constitución democrática. No hay atajos, no hay medias tintas. Claridad de ideas.

Rosa Díez ha hecho lo que nacionalistas y socialistas ahora aliados no le perdonarán nunca: Acoger la ikurriña y la española bajo un solo paraguas que proteja a ambas. ¿Dónde está la oposición de ser vasco y español? ¿Dónde la contradicción? Y sin embargo ¿desde cuándo es normal, no hablo de posible, una alianza parlamentaria y gubernamental entre socialistas y nacionalistas? Sentirse española no es ser fascista, ni ser antivasca, como interesadamente se empeñan en hacernos creer mentes programadas. ¿Hay algo más contrario al socialismo que el nacionalismo? ¿Hay alguien más de derechas que el PNV? ¿Pero no había que demonizar a la derecha? ¿Pero no hablamos de la derecha extrema? ¿Hay más derecha extrema que la que se basa en el Rh? Sinceridad.

Desde la diferencia ideológica, admiro a Rosa Díez.

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