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Rememorando Guernica

Anatoli Koroliov
Redacción
lunes, 7 de mayo de 2007, 23:06 h (CET)
Hace 70 años, en abril de 1937, la aviación hitleriana arrasó la desprotegida villa vasca de Guernica mediante brutales bombardeos. Bastó una sola noche para que pereciera casi la mitad de su población y quedara en ruinas esta pequeña localidad. Conviene señalar que para los vascos Guernica es tierra sagrada; aquí, en su antigua capital, se encontraban los rarísimos monumentos de su historia y cultura.

Este episodio causó un profundo y horroroso impacto en la opinión pública europea, pero muy especialmente en un hombre, el pintor Pablo Picasso. Por ironía de la suerte, el pintor estaba entregado a las búsquedas de un tema para crear un colosal lienzo que le había encargado el Gobierno de la República para el Pabellón de España en la Exposición Universal de París. El lienzo en blanco esperaba su hora en el taller parisino del artista. El pintor se había ensimismado en la búsqueda de un tema digno.

El crimen perpetrado en Guernica despertó la inspiración en el alma de Picasso. Es de lamentar que en este caso el mal haya sido una fuente mucho más poderosa para el arte que el bien.

A Picasso, en estado de afecto, le han bastado cinco semanas para crear el más célebre cuadro del siglo XX. El lienzo (de 3,5 por 8 metros) representa la agonía de una localidad donde en una diabólica danza de la muerte sucumben hombres, toros, caballos y pájaros. La composición fue concebida como un inmenso afiche, en el que las imágenes desfiguradas se funden en un lánguido tríptico de la muerte coronado por un enorme ojo con una luz por pupila. Posteriormente el Guernica inspiró uno de los filmes del director de cine francés, Alain René, en el que con brillo descifró todo el simbolismo que lleva implícito el lienzo. Ojo-lámpara. Así titila la bombilla eléctrica bajo el techo de una vivienda a efectos de la explosión de bombas.

Hablando del contexto artístico del cuadro, Picasso creaba su tragedia gráfica como paráfrasis de la obra maestra de Francisco Goya: “El Fusilamiento del 3 de Mayo de 1808”. Contemplamos la misma ejecución, el mismo clamor de los brazos abiertos. Procede señalar que para Picasso la fuente de la idea para ese cuadro fue “Minotauromaquia” (aguafuerte del propio autor), en el que el ciego monstruo con cabeza de toro avanza hacia una niña con una vela en sus manos amenazando aplastar la sutil imagen.

De inmediato el cuadro produjo sensación en Europa.

Incluso los pintores, habitualmente muy celosos respecto al éxito ajeno, se refirieron en términos halagüeños, entre ellos, Juan Miró comparó la obra del genio con el “Juicio Final” de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina del Vaticano. Hasta un conservador tan realista como Pável Korin, nuestro destacado maestro, pintor soviético, restaurador y coleccionista de iconos, dijo”: “Mi primera impresión fue una gran emoción al ver la excelente tonalidad del lienzo revelando voluntariosa y enérgicamente los detalles. Me acercaba al Guernica, presa de dudas. Pero de súbito el cuadro me produjo gran impresión. De inmediato mi actitud hacia Picasso cambió. Este se convirtió en gran maestro para mí.

Contornos forzados, líneas quebradas, rostros convertidos en máscaras que gritan, cuerpos mutilados: esta fue la reacción de Picasso al apocalipsis del siglo XX que abrió de par en par las puertas del infierno.

Quien podría decir a comienzos de siglo que el mundo entraba en la masacre de dos guerras mundiales y en la época de las revoluciones, pues todo había comenzado con foxtrotes y tangos, con las promesas musicales de la radio y los nuevos servicios de la aviación. El primer sobresalto de la humanidad fue el naufragio del transtlántico “Titanic”. Acto seguido Blok escribiría en su diario emotivamente:”¡El océano sigue ahí!”.

De estos dos estados emocionales – sacrificio y exaltación- surgió una nueva centuria tal vez la más tenebrosa por ahora.

Y el Guernica se convirtió en la cima de aquella época.

Actualmente, el lienzo de Picasso se exhibe en Madrid, en una sala especial del Museo Reina Sofía. En reiteradas ocasiones los vascos solicitaron al gobierno español trasladar el Guernica a Bilbao, donde hace poco se abrió una filial del Museo Guggenheim de Nueva York, o bien a la propia Guernica. Pero Madrid se niega a hacerlo alegando el mal estado en que se encuentra el lienzo. El poder tiene sospechas de que esta solemne transferencia conduzca a la escalada del separatismo vasco. Aunque la Segunda Guerra Mundial ha terminado hace mucho tiempo, la pequeña guerra vasca prosigue. La noche de Guernica continúa.

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Anatoli Koroliov, para RIA Novosti.


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