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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Descubriendo mitineros

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 6 de mayo de 2007, 23:16 h (CET)
Ahora que se esparcirán por toda España toda suerte de mítines; ahora, me pregunto, como quedarían los estrados de oradores si antes de agarrarse estos a los micrófonos pasaran por el detector de cualidades. Tampoco me refiero a cualidades muy sofisticadas o que requieran de grandes heroísmos. Simplemente, ¿Van a ser veraces en sus manifestaciones?¿De verdad tienen buenas intenciones para el ciudadano?¿Para que van a servir sus propuestas? Es decir, un simple cuestionario, aquel espléndido FILTRO propuesto por Sócrates a quienes quisieran endilgarle sus monsergas. Conviene que nos vayamos aprovisionando de filtros de esta índole ante lo que nos van a ronronear, a veces estentóreamente, en los próximos días. Proliferación de mensajes y sustancia de los mismos. ¿Verdades encontradas? ¿Nimiedades?

La erótica mitinera da una primera impresión sugestiva, fascinante e incluso de espontaneidad; pero es la única impresión con esas directrices, no hubiera sido nada malo que se mantuviera esa primera sensación. Más tarde cambian las cosas de manera significativa, la censura previa de los barones de cada formación, la alienación propagandística y la agresividad de los aristócratas del poder, se imponen. Sí, los aristócratas de ese poder; son altos los barrios de estos insultos, con tono degradante para el adversario. Como paradoja un tanto merecida, la DESFACHATEZ y los talantes faltones modelan sin misericordia a sus propios autores. Se establece un contexto lamentable que a todos salpica. Bien es cierto que eso no importa demasiado en los tiempos actuales. ¿Acostumbrados en exceso al lenguaje cerril?¿Pasotas de cuño novedoso? El ambiente es desolador si se le mira de cerca, ruidoso a media distancia y lamentable siempre. ¿Dónde encontraríamos la excepción?

La adquisición del lenguaje supone un eslabón importante en la evolución de los homínidos. Cada vez es mayor la precisión en el conocimiento antropológico, cambios en el cráneo y cerebro, signos simbólicos, etc.; señalan a esa posibilidad para el habla como primer paso. A partir de ahí, la COMPLEJIDAD y las variaciones sobrepasan límites insospechados. Con un desenfado y frenesí de gran potencia. De tal manera es así que en un momento determinado, la misma palabra conseguirá significados distintos u opuestos, según quién la pronuncie, el momento, ámbito político o cualquier otra variable. No es preciso insistir en la confusión, como una Babel permanente y en aumento. Cuando elevamos estos datos a los estrados mitineros, la carcasa de palabras se transforma en un humo neblinoso residual. ¿Qué se ha hecho del lenguaje?¿Cómo obtener conclusiones?

Pese a todo, sin ver las imágenes ni oír el timbre de su voz, por la forma de usar y entrelazar sus palabras, se lograría la IDENTIFICACIÓN de gran número de oradores. Cada uno participa con sus muletillas o emplea más unas palabras que otras. Son populares los estudios recientes basados en esas técnicas de seguimiento hacia el lenguaje empleado; descubren autorías de textos anteriormente discutidas, como El Lazarillo, Shekaspeare u otros. Si a ello añadiéramos el tono del discurso, con invectivas incluidas, la información sobre el orador se incrementa. Quizá ellos no se den cuenta de esa orientación, quien habla intenta endilgarnos su mensaje, pero también nos envía otro sobre él mismo, sin pretenderlo ni pensarlo. Suponen deslices interesantes.

La capacidad de DISIMULO también entraña lo suyo en cuanto a sus complicados artilugios. La genética estará involucrada como siempre, pero los ambientes no sólo evolucionan, son una auténtica explosión creadora. Los griegos ya le daban vueltas a eso de la retórica. Admitamos unos primeros intereses dedicados a la expresión de los conceptos con precisión, adornos estéticos o educación. No le neguemos a la retórica su vertiente más admirada. Mas aquella ordenación encomiable de la palabra, pervertida por los usos apresurados y las éticas en fuga, deviene en una retórica demoledora. A menudo se plantaría uno para pedir más grano en los discursos y mucha más franqueza. Antes se echaba la culpa al franquismo u otros poderes; ya no, representan actitudes poco o nada transparentes. ¿Pensamos que domina la claridad en los comunicados? ¡Han proliferado en mayor medida los trucos! ¿Cómo salir del atolladero?

Sobre el transfondo de los genes y la antropología, con todos los estudios que queramos añadirles, las actuaciones humanas disponen de más recursos, imposibles de abarcar con cada detalle. La bondad o inquina de sus inclinaciones escapará a los catálogos de datos. Por más que se busque disfrazarlas entre los dislates sociales, emergen con luz propia. En las aplicaciones a la política mitinera seguirá actuando gente mala y gente buena. ¿Cómo identificarles?

No es rara la alusión al PASADO por cuantos vociferan en esos atriles de campaña, con la luz roja avisadora de la televisión en directo; para chillar más, lanzar el ataque definitivo. El socorrido pasado les sirve como barril lleno de disfraces. Me quito y me pongo con agilidad lo más acomodaticio para el momento. Los cohetes evanescentes hacia el futuro inexistente, aún mantienen más enhiesta el asta de la bandera utilitaria, se acomoda en el párrafo que más les convenga. Mientras tanto se mantiene aparcado un presente que con frecuencia les molesta. Es preciso cultivar unos buenos fundamentos culturales para esquivar esos engaños.

Toman un protagonismo relevante los ENREDOS JUDICIALES, como arma política, no tanto como vía para un esclarecimiento de los hechos, ni para una justicia como tal. De por sí, ya entrañan un lenguaje lioso con cláusulas y apartados de una digestión compleja. El entramado acoge sentencias de 200 años aminoradas en tiempos reales asombrosamente acortados y literalmente increíbles. ¿Dónde radica la mentira? Esas oscuridades, entreveradas de intenciones perversas, promueven el uso de esos enredos como argumentos complicados que no distinguimos con claridad. Si pretendemos la resolución judicial para cualquier desajuste, se desvirtúa la aplicación legal.

Aunque agotemos los recursos para la comprensión de los discursos -Gramática, Retórica, Justicia, aristócratas de la información, emporios económicos, rasgos psíquicos-, subyace un trasfondo de difícil concreción. Me refiero a la BONDAD o MALDAD de los intervinientes. Los escudos representados en esos recursos referidos, el desvío de las decisiones hacia la Justicia, Psiquiatría u otras estructuras, no podrá sustituir a la bondad o maldad de las intenciones protagonistas. Nos conviene ponerlas de manifiesto. En ello nos va el fundamento de la sociedad.

Los lenguajes son diversos, dicen mucho más de lo pretendido por el orador de turno. ¿Nos interesa captar sus matices?

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