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Etiquetas:   Análisis internacional   -   Sección:   Opinión

La nueva polarización francesa

Isaac Bigio
Isaac Bigio
domingo, 6 de mayo de 2007, 07:41 h (CET)
Las elecciones francesas son importantes en la escena internacional por dos razones. Una, por el rol de dicho país que es uno de los cinco miembros del Consejo de Seguridad y uno de los dos pilares del euro. La otra, porque en ella se enfrentan claramente dos modelos (el neo-liberal y el social-liberalismo) cuya resolución ha de tener un impacto en Europa y el mundo.

El conservador Nicolas Sarkozy ganó en la primera ronda del 22 de Abril con 11,450,302 votos (31.18%) mientras que en segundo lugar quedó la socialista Ségolène Royal con 9,501,295 votos (25.87%). Ambos ofrecen dos salidas ante los graves problemas que tiene Francia, tales como un alto desempleo (8.5%) y un declive de su sitial en la economía global.

Sarkozy concibe que sea hora que su nación pase por una ‘revolución liberal’ como la que Margaret Thatcher y los conservadores llevaron a cabo en Gran Bretaña en 1979-97. El quiere dejar de lado el tradicional proteccionismo galo para dar paso a un modelo y una diplomacia más afín a la de las potencias anglosajonas. Plantea reducir impuestos y hacer que quienes trabajen más ganen más.

Royal también acepta la necesidad de efectuar reformas liberales y privatizaciones, pero alerta contra el peligro de acentuar confrontaciones y en la necesidad de elevar los salarios. Ella también se inspira en otro modelo británico: el que Tony Blair lidera desde hace 10 años y que se basa en un social-liberalismo que democratiza al Estado.

La victoria del primero inclinaría la balanza de la Unión Europea hacia la derecha y las reformas monetaristas mientras que haría que la principal potencia crítica a Washington empiece a acercarse a la Casa Blanca. El triunfo de la segunda daría un impulso a los socialistas europeos distantes de Bush y patrocinadores de no hacer recortes muy drásticos a los beneficios sociales.

Un hecho a destacar en estas elecciones es la elevada participación (85%) y el retorno a la tradicional polarización derecha-izquierda. En las presidenciales pasadas (2002) Francia sorprendió al mundo cuando ninguno de sus candidatos llegó al quinto de los votos y el ultra-nacionalista Le Pen desplazó al primer ministro socialista Jospin de la segunda vuelta.

Entonces había significativos grados de apatía y descontento ante la co-habitación entre el gobierno de la ‘izquierda plural’ del socialdemócrata Juspin con el centroderechista presidente Chirac. Esto favoreció al crecimiento de los extremos: Le Pen por la derecha bordeando el 17% y la trotskista Laguiller por la izquierda acercándose al 6%.

En esta oportunidad los extremos decrecieron. Le Pen quedó cuarto con el 10.5% y la izquierda dura obtuvo el 9% (Laguiller obtuvo menos del 1.5%). Este fenómeno se vio impulsado, en parte, por la estrategia electoral de Sarkozy quien decidió tomar algunas banderas de Le Pen (como orden, dureza contra la inmigración y el planteo de crear un ministerio que defienda la identidad nacional francesa) con lo cual se movió a la derecha arrinconando a los ultranacionalistas. Por otra parte, muchos votantes de la izquierda ‘anti-neoliberal’ temiendo que se repita un escenario tipo 2002 (en el cual la izquierda quedó fuera del balotaje) prefirieron optar por el ‘mal menor’ votando por la Royal. De esta forma, tanto la derecha republicana como el partido socialista recibieron más de un 50% más de votos en relación a la primera ronda del 2002.

Otro nuevo fenómeno ha sido la emergencia del ‘extremo centro’ de François Bayrou, quien en el 2002 obtuvo menos de dos millones de votos y el 6.84%, pero esta vez bordeó los 7 millones de votos alcanzando el 18.57%. Este granjero católico heredero de Giscard d’Estaing plantea desterrar la tradicional bi-polarización francesa para dar paso a un gobierno de consenso.

El crecimiento de Sarkozy ha hecho que la izquierda dura llame a cerrar filas tras Royal. Laguiller por primera vez desde 1981 ha llamado a votar por sus enemigos socialdemócratas. En las barriadas pobres se propaga la amenaza de iniciar levantamientos si ganase Sarkozy. Por otra parte, ello y el avance de Bayrou empuja a los socialistas a girar hacia la derecha. En vez de afirmar su propio perfil Royal dice que ‘ya no pertenece solamente a los votantes socialistas’ y ha planteado a Bayrou ir hacia una ‘mayoría presidencial’.

Mientras ella sigue moderando su programa y acercándose al del centro, Sarkozy, seguro de contar con los votos de la derecha dura, busca aparecer como más conciliador. El hecho que el campo de Sarkozy aparezca con un programa más consistente y vaya con su propio ropaje le da mejores oportunidades de ganar sobre una socialdemocracia que cree que la mejor manera de vencer es parecerse lo más posible a sus rivales que están a su derecha.

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