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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Es que nadie entiende lo que pide la ciudadanía?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
domingo, 6 de mayo de 2007, 07:41 h (CET)
Tengo el convencimiento de que la mayoría de los ciudadanos, cuando decidimos votar a un partido, no lo hacemos arrastrados por las promesas que se nos hacen durante la campaña preelectoral, ni por lo que nos satisfagan unas determinadas listas de candidatos de las que, por lo general, apenas conocemos a unos pocos, ni, tampoco, porque pretendamos que se produzcan grandes cambios en el sistema. No, creo que la mayoría lo que buscamos es que se nos solucionen pequeños problemas, a veces nimios, si se los compara con las grandes conquistas económicas y sociales que forman parte de la propuesta electoral de quienes buscan nuestro voto. Y, sin embargo, estas pequeñas necesidades que el pueblo, los votantes, desearíamos que se solucionasen, vemos como pasan legislatura tras legislatura, mandato tras mandato, y persisten invariables sin que ninguna de las formaciones políticas a las que hemos otorgado nuestra confianza, sean del color que sean, haya puesto el más mínimo esfuerzo en solucionarlas.

A diario tenemos ejemplos que pueden servir de apoyo a lo que estoy argumentando. Son pequeños sueltos que salen en la prensa diaria, apenas unas cuantas líneas que dan cuenta de episodios aparentemente banales pero que, no obstante, calan en los sentimientos de los ciudadanos de a pie. Voy a poner un ejemplo. Se ha hablado durante estos días de los problemas que han venido causando en Madrid unos centenares de jóvenes que, en el barrio de Malasaña, se han dedicado a realizar actos vandálicos contra el mobiliario urbano y atacando a la policía que intentaba reducirlos. La noticia tiene un indudable impacto, pero es que detrás de la alteración del orden público, descontando los heridos y contusionados ocasionados por las refriegas, existe otra realidad que pasa desapercibida para muchos, pero que constituye motivo de preocupación, alarma e incomodidad para los vecinos del barrio que, sin comerlo ni beberlo, se han visto obligados a soportar, impotentes, desde sus viviendas o al salir o entrar en ellas, las incomodidades, las amenazas y las consecuencias de la inconsciencia de unos y la agresividad de los otros. ¿Qué creen ustedes que desean estas personas que se ven afectadas por el famoso “botellón”? Yo se lo diré: que alguien, sea quien sea, les devuelva la tranquilidad y puedan circular por el barrio sin el temor de salir trasquilados por una banda de insensatos así como descansar sin alboroto por las noches.

En Barcelona se ha producido otro caso. Un episodio que parece carecer de importancia, pero que tiene la virtud de herir la sensibilidad de gran parte de los barceloneses. Ha ocurrido apenas hace unas horas. Una anciana despistada que no sabía como regresar a su casa a la que una joven solícita intenta ayudar; para ello acude a la policía en busca de apoyo, pero el agente le dice que la señora está fuera de su jurisdicción y, por tanto, no puede ayudarla. No se rinde la joven y acude a un mosso de escuadra en demanda de auxilio, pero el agente, despues de revisar el DNI de la anciana y comprobar que tiene dinero para pagar un taxi, intenta meterla en uno desentendiéndose del problema. La joven, al ver que es un peligro dejar sola a una persona a todas luces incapaz de resolver su problema, se lía la manta a la cabeza y acompaña personalmente a la anciana a su domicilio. Un gesto magnífico de solidaridad por parte de la joven y un cero patatero para los agentes de la autoridad. ¿Qué creen ustedes que pensará el votante de un hecho como el que les he relatado?, y ¿qué puede querer un señor a quién le han asaltado su casa y puesto en peligro su vida y la de su familia?o aquel que espera horas a ser atendido de urgencia en un hospital.

Verán, al común de los mortales les trae sin cuidado que se done o no el castillo de Montjuic a Barcelona, porque saben que nadie se lo va a llevar de ella; tampoco, y así quedó perfectamente reflejado en el referendum sobre la promulgación del Estatut, les importa una higa si se le trasfieren más o menos atribuciones a la Generalitat si luego resulta que, en la práctica, los pequeños problemas que les afectan siguen sin solucionarse. Les voy a poner otro ejemplo.Existen en Barcelona, en determinadas zonas, calles que sufren la servidumbre de soportar, a todas las horas del día, un tráfico ininterrumpido, agravado por el constante deambular de las ambulancias con sus estridentes sirenas; no importa decir la clase de calidad de vida de los vecinos de la zona. Los decibelios superan, yo diría que doblan, los permitidos por la ley, ¿creen ustedes que el Ayuntamiento de CIU o el del Tripartito han hecho algo para remediarlo? Pues no, ni siquiera se han molestado en dar una explicación. Luego se quejarán los políticos de la abstención, de la apatía de la gente respecto a la política o de la falta de convicciones políticas de los ciudadanos.

Es evidente que la gente está hasta las narices de programas expuestos con grandilocuencia pero que, en la práctica, se reducen al más de lo mismo. Algo falla en nuestra nación cuando existe un divorcio tan abismal entre lo que piensan, dicen y hacen los políticos y lo que desea, pide y reclama el elector que, como antes he dicho, no pide grandes cambios, ni tampoco imposibles; se limita a exigir que se le atienda, que se le tenga en cuenta y que se le solucionen los problemas. Si no somos capaces de entender una cosa tan simple, es que en España no tenemos remedio.

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