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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Residencias inseguras

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 3 de mayo de 2007, 23:07 h (CET)
Hace algunos años cuando la vejez llamaba a la puerta de las personas estas se retiraban de la vida cotidiana pasando a constituir un estamento social diferente y aparte. Generalmente los ancianos pasaban a vivir con alguno de los hijos y transmitían su sabiduria a los nietos que les solían mirar con respeto y veneración. Ahora, en esta vida competitiva y rauda que nos obligan a vivir la llegada de la jubilación supone para unos un alivio ya que por fin podrán hacer realidad muchos de sus deseos largos años guardados mientras que para otros, aquellos a los que las vicisitudes de la vida han mermado sus facultades, comenzará una nueva vida alejado de la familia en una de esas residencias de la tercera edad a las que antaño llamabamos “asilos”.

La vida diaria ha hecho que los ancianos sean considerados un estorbo y un lastre. Antes las hijas y las nueras eran sus cuidadoras naturales. Ahora, cuando la dureza de las hipotecas hace que los dos miembros de la pareja trabajen duramente, nadie puede cuidar del bienestar de los ancianos y más si estos necesitas ayuda para las necesidades más perentorias. Los abuelos son buenos mientras todavía tienen fuerzas para cuidar de los nietos, después, desgraciadamente, muchos de ellos se verán abocados a la tristeza de una residencia de la tercera edad donde compartir sus recuerdos de juventud con otros como ellos.

Reconozco que peco un poco de aprovechado al escribir estas notas. Un día, cada vez más cercano, yo también seré un anciano, un respetable miembro de esa tercera edad a la que intentamos ocultar escondiendola en esas denominadas residencias que nunca podrán substituir el calor familiar o el calido abrazo del cotidiano hogar.Y quiero que cuando eso llegue mis últimos días discurran, si no puedo estar al lado de alguien querido, en un lugar que reuna las condiciones necesarias para que la antesala de la muerte sea lo más amena posible.

Y visto lo visto en el País Valenciano mucho tendrán que cambiar las cosas para que esto sea posible.En los últimos cuatro años se han producido nueve muertos en diversos accidentes ocurridos en residencias geriatricas particulares pero tuteladas por la Generalitat valenciana. Alguna cosa extraña pasa y algo no funciona bien cuando en tan sólo la última legislatura regida por el Partido Popular casi una decena de ancianos ha perdido la vida mientras se alojaba en una de estas residencias. El último de estos accidentes ha ocurrido en la residencia Reyes Católicos sita en la localidad de Utiel. Al parecer un cigarrillo mal apagado ha sido el motivo del incendio que ha acabado con la vida de tres ancianos.

Alicia de Miguel, la Consellera responsable del buen funcionamiento de estas residencias ha encontrado rapidamente la solución para que esto no vuelva a ocurrir. Si algún anciano sigue cayendo en el maldito vicio del tabaco se le podrá expulsar de la residencia. Nadie ha hablado de la posible falta de medios humanos y técnicos y como ya pasó en el accidente del metro la culpa se le tira al muerto- seguro que éste no protestará-, mientras algunos de los familiares se preguntan si funcionaron los detectores de humo y si el personal de la residencia es suficiente para atender a todos los ancianos. La culpa es del que fuma, ya lo avisan en los paquetes de tabaco: “fumar puede producir la muerte”, pero lo que no advierten los paquetes de tabaco es que la muerte puede llegar a causa de la irresponsabilidad de algunos políticos que tan sólo se acuerdan de los ancianos cuando llegan las elecciones.

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