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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La Nueva Estrella de Oriente

Miguel Ángel Sánchez (México)
Redacción
jueves, 3 de mayo de 2007, 22:50 h (CET)
En San Cristóbal de las Casas, durante el IV Encuentro Internacional de Historiadores de la Prensa, se demostró sin lugar a dudas y dentro del más riguroso marco científico, que el periodismo no es el pariente pobre de la historia y que los periodistas, en ocasiones sin querer y en otras a pesar nuestro, tenemos un papel importante para el estudio de las sociedades.

Tres días con sus noches sesionaron aquí investigadores llegados de universidades mexicanas y de una decena de países latinoamericanos y europeos. Durante el día en las instalaciones de la Universidad Autónoma de Chiapas y por las noches en los variados centros de salud cristobalenses, las ideas y las reflexiones circularon profusamente. El papel de las mujeres en la prensa, los empresarios y editores, la caricatura, los medios en las regiones, los personajes de la redacción y el contexto cultural, económico y social del periodismo, fueron algunos de los temas abordados con no poca dosis de pasión en el encuentro organizado por los doctores Celia del Palacio y Sarelly Martínez, de las universidades Veracruzana y de Chiapas, respectivamente.

De casi cien trabajos a cual más sugerente -entre ellos el postulado de Benito Juárez para “hacer la guerra con la pluma” o la convicción de Ángel Pola de que el periodista es un “obrero de la historia” y que poco a poco iré compartiendo con los lectores de JdO- hoy rescato la nunca antes conocida y no por increíble menos verídica historia del sin lugar a dudas más extraordinario y singular de los periodistas mexicanos: Romualdo Moguel Orantes, conocido en su natal Chiapas como Don Ruma. Su historia fue rescatada por el doctor Sarelly Martínez, de la UACH.

De 1920 a 1956, don Ruma escribió, editó y distribuyó su propio periódico, La Nueva Estrella de Oriente, mejor conocido como La Estrellita. En esto, aquel periodista no se diferenció de muchos otros que decidieron echarse a espaldas todo el ciclo de producción cuando las circunstancias económicas, y particularmente las políticas, inhibían el libre ejercicio de la profesión. Y en esto vaya que don Ruma tuvo éxito. Al día de hoy su nombre se recuerda en certámenes, engalana a clubes de la pluma y es sinónimo de valentía y honradez. “Es el paladín de los periodistas chiapanecos”, dice en su trabajo el doctor Martínez.

¿Qué lo distinguió entonces de otros aguerridos y comprometidos informadores? Que durante 36 años don Ruma circuló con regularidad entre los lectores chiapanecos ¡el único periódico manuscrito de que se tenga noticia! (Ese es compromiso y no fregaderas, digo yo). El doctor Martínez lo describe con propiedad: “Su actividad, llevada a cabo con constancia, obsesión y mucho de locura, fue apreciada en su tiempo” y hoy una asociación de poetas lleva su nombre. “Si se revisan sus textos, sin embargo, nos encontramos con párrafos ilegibles, con desconocimiento de la gramática y la ortografía. Sus defensores señalan que don Ruma construía esos párrafos para mostrar su rebeldía al sistema político mexicano”.

Romualdo Moguel nació en Chintalapa y a los 20 años emigró a la ciudad de México, en donde fundó su propio periódico, Diario de un Tuxtleco, en 1911. Fue huésped de La Castañeda. Regresó a Chiapas y emprendió varios negocios. En 1921 contendió por la Presidencia Municipal de Tuxtla y es entonces cuando establece, como órgano de campaña, La Estrellita. Pierde la elección mas persiste y, con su propio partido, el “Filosófico político”, disputa la senaduría, aunque también sin éxito. “Después de su derrota (…) decide dedicar su vida a exhibir a los políticos corruptos”, y esto lo lleva a cabo con la edición manuscrita de su periódico, ya que no tenía los recursos para costear la impresión. “Aunque se dedicó al periodismo con fervor, le confesó a Marcelina Galindo Arce que lo que en realidad quería ser era Presidente de la República”, pues se consideraba un hombre honrado.

Continúa Sarelly Martínez:

“La Nueva Estrella de Oriente era impresa en el papel que tuviera a la mano su editor: podía ser papel periódico, estraza, bond, de china, pero el que prefería don Ruma era el cebolla. Sus dimensiones y el número de sus columnas también eran muy variables. Eso dependía del tino de don Ruma para recortar el papel y su humor para dividir el pliego en columnas. Hay ejemplares de diez columnas y otros de una sola. Sus páginas, eso sí, no rebasaban la primera plana. En eso era ortodoxo. El tiraje era variable: de 15 a 100 ejemplares. Sus ediciones también: cuando sentía que así lo ameritaban los acontecimientos y sus pensamientos, sacaba números extraordinarios: al mediodía y por la tarde (…) La distribución la llevaba a cabo el propio editor. Iba al Palacio de Gobierno, Presidencia Municipal, Alameda, hoteles, refresquerías y casas particulares. Sus destinatarios eran reacios a aceptar La Estrellita. Por eso, con comedimiento tiraba la hoja manuscrita a los pies del potencial lector al tiempo que gritaba: ‘¡La calavera!’ De 1922 a 1950, La Nueva Estrella de Oriente se repartió gratuitamente. Después impuso el precio de cinco centavos, con el agregado de que el editor lo leía a los compradores.”

No faltó entonces quien comparara a don Ruma con un Quijote chiapaneco, pues como el de La Mancha, éste había perdido la razón. Mas igual que aquél, llamó la atención de sus contemporáneos. Enrique Aguilera Gómez, Santiago Serrano, Héctor Cortés Mandujano, Rosario Castellanos y Carlos Ruiseñor Esquinca, escribieron sobre el personaje.

Yo, por mi parte, creo que la carrera de Romualdo Moguel confirma que de médico, periodista y loco todos tenemos un poco. Y que más vale ser un orate limpio y luchador, que un cuerdo facineroso. Creo que Sarelly Martínez coincidiría en esto conmigo. Le voy a preguntar.

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