Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Revista-zonajoven

Etiquetas:   Propiedad intelectual   -   Sección:   Revista-zonajoven

Canon, no gracias

Fátima Mohamad
Redacción
lunes, 30 de abril de 2007, 22:00 h (CET)
Hacer de la creación un arte y de ese arte un oficio. Así podríamos definir la evolución de escritores, músicos, escultores… Los autores de la Edad Media no firmaban las obras que ellos creaban, puesto que entendían que eran un servicio público para la sociedad y que ellos no eran más que un eslabón. Lo hacían sin ánimo de lucro, por amor al arte.

Con el humanismo y su egocentrismo todo “humano” dedicado al noble arte de crear cualquier obra, se veía en la obligación de firmar todo aquello que originaban, en busca del reconocimiento social y un sustento.
A todos nos gusta escuchar música mientras estamos en la ducha, leer un buen libro sentado en el parque, contemplar una obra de arte… disfrutamos con la obra que realizan algunos pocos elegidos y estamos dispuestos a pagar por ello, pero no que nos tomen el pelo. Hijos de esa cultura humanista entendemos el arte como algo suscrito a alguien, un autor, un creador, un mito.
Todos entendemos que los autores deben ganarse la vida y que la creación tiene unos gastos de producción… y que merece un reconocimiento. Cuando compramos el álbum de nuestro artista favorito, nos gusta escucharlo en cualquier parte, pasárselo a un amigo, que él nos pase un libro… ¿Qué hay de ilegal en ello? No se supone que al comprarlo ya hemos cumplido con nuestros impuestos.
Es lógico que se pene a las mafias traficantes que se dedican a vender CD’s o a traficar con obras de arte, por las que se lucran con el trabajo de otro, pero no es justo que las autoridades desesperadas por no saber como paralizar la piratería, instauren un canon sobre todos los medios de reproducción o grabación, que afecta a las personas honradas que ejercen su derecho de utilización privada de los productos que adquieren. En estos momento por un DVD se pide 1,6 Euros (esto supone más del 60% de su coste). Otro ejemplo, por un iPod de 30GB se pagaría lo siguiente en: UK: 0 €; Alemania: 2,56 €; Italia: 9,87 €; Suecia: 13,5 €, Finlandia: 15 €; Austria: 18€; España: 90,6 €. Por lo tanto pagamos doblemente el canon. Uno por la obra y otro para poder disfrutarla.
Y lo más triste del asunto es que de todo ese dinero recaudado no llega ni una cuarta parte a los autores a los que pretenden defender. Pero si esto no fuera abuso suficiente, a nuestro gobierno se le ha ocurrido en un momento de lucidez, imponer un canon para las bibliotecas. Deberemos pagar 20 céntimos por cada libro que querramos prestar ¿Qué pretenden impedir con ello? ¿Existe un red internacional de traficantes de libros dirigida por estudiantes? Posiblemente con ello eviten que se reproduzcan libros, porque ya no se leerán. ¿Y esto a quién beneficiará?, ¿a los autores?, ¿a los usuarios?, o ¿a aquellos que recaudan los impuestos?
Si la pretensión de aquellos que defienden los derechos de los autores es que estos pueden vivir de ello olvidan que la misión última de todo artista es fomentar la cultura de la sociedad y no los bolsillos de unos pocos.

Noticias relacionadas
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris