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Etiquetas:   Alemania   -   Sección:   Opinión

Alemania con el paso cambiado

José Antonio Jato
José Antonio Jato
martes, 1 de mayo de 2007, 08:12 h (CET)
La República Federal ha sido durante años un paradigma de rigurosidad y disciplina laboral. Sin embargo en los últimos tiempos empresas de prestigio internacional por su buen hacer, se han abocado a dar la nota, me refiero a la nota“C” de corrupción, al desplegar comportamientos de lesa laxitud.

La lista comienza a ser preocupante y los escándalos desmoralizan al ciudadano porque la onda expansiva de los mismos aflora en los últimos tiempos más como titulares fijos, que como una excepción. El postrero de estos ávidos desenfrenos ha sido protagonizado por Klaus Kleinfeld, el hasta ahora flamante y joven presidente de la multinacional alemana Siemens, quien ha abandonado su puesto en la presidencia por la carga insoportable que él mismo representaba para el consorcio tecnológico, sus accionistas y sus empleados. El honroso Harakiri de su dimisión se tonará infructuoso, si la moral empresarial general en el país, prosigue por empatía por tales derroteros
En honor a la verdad, la crisis que salpica a Kleinfeld, no es toda de propio cuño pues afecta a los años en que su antecesor Heinrich von Pierer llevaba las riendas del grupo, y al parecer hizo buena parte de la faena, y hasta la vuelta al ruedo. La pandemia heredada por Kleinfeld incluye sobornos que ascienden a la espeluznante cifra de 420 millones de euros destinados a obtener contratas internacionales de telecomunicaciones, o mantener cuentas ocultas, que obligaron a que varios directivos de Siemens fueran arrestados.

Ahora bien algunos inversores recuerdan que durante la gestión de Kleinfeld desde enero de 2005, éste tampoco tuvo reparos en subirse un 30% el salario mientras liquidaba la empresa filial BenQ despidiendo a miles de sus empleados. La red de corruptelas de guante blanco enquistada en el consorcio ha sido calificada por los expertos como una de las más graves de la historia económica del país.

Resulta rocambolesco que los recursos humanos de las multinacionales alemanas examinen con lupa la honestidad de sus subordinados mientras sus ejecutivos se pasan las mínimas normas de ética comercial y no comercial por el forro. El modelo económico alemán haría bien en no dejarse deslumbrar por tasas de crecimiento virtuales y estrafalarios patrones como el español, donde la burbuja de ozono inmobiliaria está degradando el paisaje urbanístico hasta extremos tercermundistas y el mileurismo nacional compite con la importación de una mano de obra barata, indefensa y sumisa a formas desbocadas y de tinte colonial. Precisamente el propio ministro español de trabajo, Jesús Caldera, en un alarde de ciega prepotencia desea contribuir a su expansión y ha ofrecido últimamente tal macabra e insolidaria experiencia, a los gobiernos alemán y holandés. Dios no coja confesados.

Pese a todos los pesares, los intereses creados del mercado acaban a menudo por poner freno a algún desenfreno. En el caso que nos ocupa han tenido que ser los americanos, quienes de forma indirecta hayan enseñado los dientes y amenazado con defender sus intereses abriendo investigaciones del organismo regulador de la Bolsa. La cúpula de Siemens ha prometido un acto de contrición nombrando a un nuevo presidente. Gerhard Cromme quiere ser el garante de que en el consorcio se ha iniciado un proceso de regeneración. Según Cromme, los sobornos y las irregularidades pertenecen al pasado. Veremos si es verdad, y si Siemens sigue marchando o no en el futuro con el paso cambiado.

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