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Etiquetas:   TEATRO CRÍTICA   -   Sección:   Revista-teatro

Teatro vacío

Gloria March
Redacción
lunes, 30 de abril de 2007, 22:00 h (CET)
Nadie puede saber con exactitud cómo fueron los últimos días de Nietzsche, qué se la pasaría por la cabeza, qué traumas le asediaban... así que cualquier intento siempre será una aproximación más o menos cercana. La propuesta de la compañía Traspasos es de las lejanas, tomando como referencia textos (más que palabras de la vida cotidiana del filósofo) escritos que forman parte de la creación filosófica, no de la vida del escritor.

"Demasiado humano" acaba siendo un remix filosófico de varios libros, acudiendo a todos los tópicos posibles... su desencanto por Kant, su acercamiento a Platón... pasando revistas a la Biblia y a la historia de Alemania justo en el momento previo a la Segunda Guerra Mundial... todo está muy bien, buena documentación de Jaime Romo (el escritor), pero ¿y las acciones? Aunque haya ganado el premio “Lope de Vega” en el 2005 este escritor se queda en la palabra, además en la palabra fácil... los apuntes de filosofía de C.O.U (mejor pongamos 2ª de Bachiller por aquello de la actualidad) puestos en boca de unos cuantos actores vendría a ser este “Demasiado Humano”... que de humano tiene poco y mucho de loro parlanchín.

El público (muy joven) se reía de ver esas frases que tienen que memorizar para pasar el selectivo en boca de Alfonso Torregrosa, el actor que recreó un Nietzsche infatíl, con una locura facilona y típica desperdiciando la creación de un personaje tan complejo como fue Nietzsche en sus últimos días, incluso parodiándolo. Rozando el insulto.

El resto de los actores tuvieron algún momento bueno, pero en general desperdiciaron también la oportunidad de crear unos personajes con profundidad quedándose en las palabras grandilocuentes y como en el caso de Txema Blasco, engolando la voz. Goizalde Núñez tuvo atisbos de una interpretación interesante al llevar el peso de la hermana de Nietzsche, pero como sus compañeros, sólo fueron atisbos.

Elisenda Ribas en el papel de la buena criada Alvina pretendía llegar a ser María Galiana en “Cuéntame como pasó” pero sin llegar ni a sus tobillos, con un final teóricamente climático que no conectó con el público...y eso que lleva todo el peso con un monólogo muy fuerte.

El director, Mikel Gómez de Segura hizo una propuesta nada innovadora, mostrando que a él le va más el cine que el teatro de verdad, ése donde pasan cosas y la gente se emociona al ver a los actores trabajar. Incluso las transiciones entre escena y escena eran cinematográficas, sacaba el telón mientras los actores seguían actuando quedando sólo sus voces en el aire. De aire y palabras no está solo hecho el teatro. Una pena tratándose de una personalidad tan interesante como la Nietzsche.

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