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Etiquetas:   Crónica Concierto   -   Sección:   Revista-musica

Cocorosie -Sala Joy Eslava (Madrid, 13/4/2007)

Gloria March Chulvi
Redacción
lunes, 30 de abril de 2007, 22:00 h (CET)
DETALLE SONORO

Hay conciertos en los que los grupos se ciñen a tocar y pasarlo bien y otros en los que además te transportan a su mundo, su universo musical, familiar, imaginario, sensitivo...Cocorosie son de las últimas.







La inserción en ese mundo de voces dulces y líricas mezcladas con ritmos rap es inmediata desde el primer momento en que Sierra abre la voca y su hermana Bianca enciende uno de sus juguetes para crear sus ritmos tan personales con el fondo de una foto de las dos cuando eran niñas y todavía vivían juntas.

Cocorosie, mezcla de los nombres con los que les llamaba su madre cuando eran pequeñas, tocó esta vez canciones de su nuevo trabajo “The Adventures of Ghosthorse and Stillborn” intercaladas entre algunas de sus anteriores discos como By your side o Beatiful Boyz mientras el público sentía estar en algún lugar fuera de Madrid.

Sus toques naïves no acaban en sus juguetes, cuando Sierra no cantaba se ponía a saltar y a bailar tirando instrumentos de su hermana, algún micro...siempre con la sonrisa en la boca, tan sonriente que incluso se le escapó una risotada.

De fondo ritmos al puro estilo beat box, un joven francés colaborador de las Cocoroise marcaba tempos con su voz y un micro. Al público le costó creer que aquellos sonidos propios de una mesa de mezclas salieran de aquella garganta.

Canciones como Raphael, Black Popies, Promise o Animals hicieron bailar al público un baile atípico, moviéndose de forma que no se habían movido antes, siempre bajo la sonrisa de Sierra. Un enorme piano de cola alternaba con el arpa de Sierra, un bajo de fondo, a veces una guitarra acústica y miles de efectos que ellas mismas crean con sus voces, juguetes, pequeños instrumentos...todo esto forma parte de un mundo sonoro cuidado con detalle donde cada sonido está por un por qué aunque parece salido de la más pura improvisación. Ante todo saben lo que hacen, tienen una gran técnica origen de sus estudios en música y canto lírico por parte de Sierra y de música contemporánea de Bianca.

Acompañan a sus canciones con imágenes que ellas mismas graban de sí mismas disfrazadas, recuerdos familiares o situaciones actuales de su Norteamérica natal que les inquieta, desde la guerra de Irak hasta caretas con lágrimas pintadas. Momento a recordar fue la versión operística que se marcó Sierra del himno nacional norteamericano, con banderita de estrellas y barras de fondo y Bianca tocando juguetes que decían con voz robótica “Dangerous”.

Las entradas se agotaron, mientras Pedro Almodóvar o Tristan Ulloa entraban sonrientes, una retahíla de esperanzados buscaba entradas de reventa. Todos querían verlas, entrar en ese mundo original aunque fuera por una hora y media y acabar con esa alegría pegadiza, alegría que hizo saltar a Sierra a la espalda de su hermana como si fuera su caballo. Así salieron del escenario, una encima de la otra. Sin duda el concierto del mes.




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