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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Desde los prejuicios

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 30 de abril de 2007, 11:12 h (CET)
Aunque no sé si estamos en campaña todo el año, las estridencias habituales tratan de darme una respuesta afirmativa. El tono agresivo y poco racional se adueña de todos los medios informativos y de los altoparlantes. ¿Cómo se afrontan estas actuaciones tan morbosas?

Con frecuencia repetimos afirmaciones, tozudamente las machacamos; tanto, que acabamos tomándolas como aseveraciones indiscutibles. Me da el pálpito de que algo así ocurre con los prejuicios. ¿Inevitables? ¿Convenientes? ¿Qué representan en nuestras vidas? Se tiende a colocarlos en el ámbito de los conceptos desdeñables, como símbolo de anquilosamiento, de poco raciocinio. Y también en esto puede ocurrir que no atinemos del todo.

Son inevitables los PRE-JUICIOS. Antes de completar un razonamiento existen numerosos elementos constituyentes del mismo, el subconsciente, la genética, el talante, o las tendencias de una persona. Esos predecesores dan forma a las ideas previas al razonamiento. Resulta imposible prescindir de esas ideas previas, las más básicas, las más ligadas a la manera de ser de cada uno. Distinto será, y peor, que no evolucionemos dando los pasos siguientes.

A partir de esos orígenes podemos sufrir las insuficiencias del QUIJOTISMO, lanzados a las aventuras de muchos amores..., Dulcineas, desfacer entuertos, combatir a los gigantes; sin el necesario filtro de percibir correctamente las cosas, valorar de forma adecuada las alternativas, o medir las propias fuerzas. Si el pre-juicio no distingue, podemos verle consumiendose en esas acciones deshilachadas. Digamos que el prejuicio no se llevó a buen término, se paró ahí. Mal asunto.

Se pone de manifiesto la nebulosa desde la que actua una persona, esa inigualable tensión creativa y conexión cultural. Es decir, no es fácil llegar a conclusiones, más bien estaremos continuamente probando, ENSAYANDO. Quizá eso de ensayar suene a modesto, pero poco más podemos alcanzar. Escribía el insigne Marañón: "Yo creo, por lo contrario, que lo más serio -y, por lo tanto, lo más responsable- que hacemos los hombres es ensayar y ensayar (Frente a los que desdeñan el ensayo)". Podremos desear, presumir, pero eso de ir más allá del ensayo existencial y vital es muy cuestionable.

La vida social nos aboca a encorsetamientos diversos: Económicos, políticos, religiosos, étnicos, banderías de diverso colorido. Aún apreciando sus bondades, estas se fijan, y esa rigidez les convierte en otros PRE-JUICIOS; no siendo raro que nos vengan impuestos o manipulados desde fuera. ¡Nos quieren imponer una etiqueta!, lo que es una maldad.Conviene denunciarlos como tales, y buscar alternativas más cercanas a la persona. O acaso habrá que plegarse, asumiendo esas clasificaciones violentadoras. ¿Qué mayor prejuicio?.

Es un ORÁCULO muy moderno que lo sabe todo e interesa a los manipuladores, estos tienen así un instrumento muy poderoso para ejercer su dominación. Se colocan tantos obstáculos a la vida personal que semejan terribles campos minados. ¿Cómo podrá alguien desarrollar esas vidas? Este despropósito clasificador nos lanza a una vorágine que arrambla con todo, Naturaleza, personas, sentimientos, y cualquier títere encontrado en el camino, serán etiquetados a gusto del mandamás de turno. Si echan un vistazo en sus entornos, obsevarán muchos vociferantes con vocación de oráculo. ¿Hará falta nominar los ejemplos más conocidos de personajes públicos? Con gusto les propongo ese ejecicio.

Qué pensar de esos modernos comisariados políticos proyectados para Cataluña en lo referido a la forma de controlar la prensa. Esto ya no es de Franco o de Fraga, es de pleno siglo XXI. Dónde queda la libertad para elegir educación si tiene que ser laica a la fuerza. Estos trazos, y otros similares, son verdaderos prejuicios intolerables e impositivos.

No es posible evitar los pre-juicios; se trata más bien de que no deban imponerse. ¡Ah! Pero por desgracia, por mucho que se cante a la libertad o al talante, ante las opiniones y comportamientos molestos, la tolerancia es un mito que no se tiene en cuenta, domina la estrategia de la apisonadora.

Me siento identificado en lo que Gustavo Bueno pone de manifiesto como MITO CULTURAL. De un lado, no podemos desdeñar las bases físicas, matemáticas; en una palabra, el entorno material. Estamos en esa materia. En cuanto al hecho cultural es constitutivo de lo que somos. Pero no nos sirve una cultura institucional que ahogue las más pristinas vivencias personales. De que nos valdrán esas estructuras de almacenamiento -legajos, archivos, museos, estructuras sociopolíticas, dogmatismos-, si coartan las pulsiones del individuo hasta dejarlas irreconocibles.

Quiero rebuscar esos brotes, aún vivos, capaces de reverdecer unas actividades humanas leñosas y muy secas. Brotes con el impulso suficiente para abordar el conocimiento...y el misterio, con dignidad, con las aportaciones indicadoras de algo más auténticamente humano. Ese algo que deviene en LOCURA, dados los entuertos de los razonamientos usuales entre tanta modernidad.

Aunque no sea suficiente, puede que sea imprescindible ese retorno a los PRE-JUICIOS más esenciales, como brotes radicales de un renovado significado humano. Algo así como, contagiarnos de esa locura de vivir. ¿Eso que supone? ¿Basta con soñarla?

Hay que arrimarse a una enseñanza libre -ya basta de imposiciones manipuladoras-, al esfuerzo diario para conocer las cosas, ejercer la justicia desde lo más cercano; no dejarnos arrebatar la dignidad de pensar por uno mismo, promover la excelencia frente a la vulgaridad; posicionarnos hacia el amor, la ternura y todas las formas de belleza.
Nos embadurnan con demasiados pringues, es más cómodo dejarse llevar que esforzarse por encontrar la respuesta más conveniente. Así nos va, ya se escucha con asiduidad eso de que ya no sabe uno a que carta quedarse, los rumbos sin brújula se apoderan de los entornos más queridos.

Locura y prejuicios, sí. Pero es que los pretendidos JUICIOS, estamos cansos de verlos transformados en cuentos y cantinelas. Se acordarán de León Felipe..., también nos vienen durmiendo con todo tipo de cuentos y falacias.

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