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Etiquetas:   Reflexión   -   Sección:   Revista-zonajoven

El poder de la juventud

Carlos de la Cruz
Redacción
lunes, 30 de abril de 2007, 22:00 h (CET)
La imagen de los jóvenes se asocia en demasiadas ocasiones, sobretodo en los medios de comunicación, con el botellón, los altercados callejeros, las drogas, la buena vida, el no pegar golpe al agua, la inconsciencia, la falta de educación… Somos protagonistas de todas estas noticias, pero también de muchas más que ni los medios ni la sociedad reconocen.

Los jóvenes representamos, sin duda alguna, el futuro de nuestra sociedad. No sólo por ley generacional, sino por la vitalidad con la que hacemos o nos enfrentamos a las cosas, al día a día, a los problemas. En general representamos rebeldía, crítica e inconformismo con la sociedad que nos rodea y con el propio sistema que lo permite, valores imprescindibles en cualquier sociedad progresista, que tenga el progreso como horizonte. Pero también, y es lo importante, valores de justicia, libertad, igualdad y solidaridad.

Fueron los jóvenes los primeros que acudieron a las costas gallegas a limpiar el fuel que un barco con nombre prestigioso dejó en 2002, incluso antes que la ayuda institucional. Jóvenes, los que pueblan y lideran asociaciones sin ánimo de lucro y con fines sociales como la ayuda humanitaria, el desarrollo económico y humano, los derechos humanos, la cultura o la salud pública: Cruz Roja, Greenpeace, Amnistía internacional, Oxfam, Médicos sin fronteras y un largo etcétera. Los primeros que donamos sangre para dar vida a otros. Los primeros que encabezamos reivindicaciones y protestas callejeras por causas justas, para algunos pérdidas, como los peligros de la globalización, la consecución de la paz en el mundo, el comercio justo, el fin de la pobreza, la lucha por el cambio climático.

Los jóvenes encabezamos todo lo anterior y mucho más, pero lo mejor: tenemos una vida por delante para seguir defendiendo nuestros valores y nuestra forma de ver, entender y actuar en el mundo. Los que ahora critican nuestra generación son los mismos que la han creado, porque recordad que lo que somos, tanto para bien como para mal, es gracias a las generaciones anteriores. En un tiempo no muy lejano tendremos nosotros que tomar las riendas de la sociedad e incluso marcar las líneas por las que debe discurrir. Entonces sería bueno que defendiéramos lo mismo que en los diecilargos y los veinte. Seguro, el mundo sería mucho mejor, más justo y más habitable. Ojalá continuáramos siendo ‘jóvenes’, con lo que esa palabra significa y así no cambiemos de parecer por la comodidad, por un sillón o la estabilidad.

De momento, y a esperas de que llegue el momento de nuestra generación, nuestro momento, tenemos un pequeño reto: el voto en las elecciones autonómicas y municipales del próximo 27 de mayo. Nuestro voto, el de un joven, vale lo mismo que el de un multimillonario sesentón. Nuestro voto cuenta lo mismo que el del empresario que no le preocupa acabar con el medio ambiente a costa de un puñado de euros. Lo mismo que el del especulador que consigue que los precios de los pisos se hagan incompatibles con nuestras nóminas y nos obligue a vivir en casa de papá y mamá hasta los 30 y muchos. Lo mismo que aquel que quiere inversión para investigación militar en lugar de inversión en educación, cultura e innovación. Lo mismo. Lo mismo. Ni más ni menos, lo mismo. Por eso, hay que aprovecharlo. De momento es lo único que nos queda, hasta que llegue el momento del cambio, del verdadero cambio.

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