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Casi, un país serio

Pascual Falces
Pascual Falces
sábado, 28 de abril de 2007, 07:02 h (CET)
En el panorama de Occidente, España es una parte sustancial que con el peso de su Historia ha sido un puntal del mismo. Casi un país serio, uno más de los que forman el núcleo occidental, pero, que no por ello deja de ser “peculiar”, lo que viene a ser lo mismo que “especial”. Y mal que nos pese, porque para la vida diaria y el quehacer de sus habitantes, muchas veces no se querría ser “diferente”. En otras ocasiones no sucede así, porque quienes lo pueblan se sienten orgullosos de “no ser” como los franceses, alemanes o ingleses, y no digamos como los moros.

Si los musulmanes que en la península vivieron durante siete siglos no hubieran sido expulsados “a la brava”, y hubieran afincado su Califato y posteriores “reinos de taifas”, la historia de Europa hubiera sido otra, no se sabe cual, pero otra. Se puede pensar que la península ibérica equivaldría a lo que hoy en día son cualquiera de los países de oriente medio, como Siria o Irak, sin ir más lejos. Hasta la invasión de los mahometanos -simultánea a la que cruzó el Estrecho-, en aquellas tierras estaba instaurado el cristianismo y una civilización tolerante equiparable a la de nuestra península romanizada y visigótica. Parecidos gérmenes que los que dieron lugar al resto europeo. En Oriente medio de todo aquello tan sólo quedan restos en forma de ruinas arqueológicas, o de una fe cristiana ahogada entre la aplastante religiosidad totalitaria de los “ayatoláes”. El papel histórico en particular de la mujer sería inexistente, y en todo lo que se relaciona con el boyante colectivo de lesbianas y homosexuales, ni rastro.

Con los siglos, se fue escribiendo la Historia de España como nación protagonista, culta, y con cierta búsqueda constante de sí misma. Descubrió América, y a su través se efectuó la incorporación a la civilización occidental de la mayor parte del Nuevo Continente. Con ello, hizo volver los ojos y poner interés en aquellas tierras, al resto de los estados europeos. Sobre la particular esencia española, consecuencia del cruce genético de mil pueblos, se ha escrito lo que no cabría en las bibliotecas informatizadas de nuestros tiempos. Se puede decir que es un hecho incontrovertible aunque, por interesadas simplificaciones se intente ignorar.

Se analizaba en esta ventilada columna hace muy pocos días, que “las cosas van bien” para Occidente, para felicidad y bienestar de sus habitantes. Más, ¿van, también, de ese modo para España? Dentro del “natural optimismo” recomendable, es preciso reconocer que sí; los españoles y la reciente y cuantiosa emigración, ya medio asimilada, viven como parte del Estado de bienestar alcanzado en la Unión Europea; la representación actualizada de lo que se dio en llamar Occidente. ¿Qué es lo que no va bien? ¿Qué tiene, según palabra al uso, crispada a la opinión pública nacional?
¡Hasta mañana!... (Parte II)
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