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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Monjitas especuladoras

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 27 de abril de 2007, 09:29 h (CET)
Hasta hace unos días en la ciudad de Valencia existía un convento de Carmelitas Descalzas situado en una de las entradas al Centro Histórico. El Convento de San José y Santa Teresa llevaba en aquel lugar desde el año 1609, fecha de su construcción, y a pesar de diversas vicisitudes padecidas a lo largo de los siglos siempre entre sus paredes ha sido constante la presencia de las seguidoras de la santa de Ávila. En los últimos tiempos el Convento no era demasiado conocido entre los habitantes de Valencia, a pesar de que durante los días falleros miles de valencianos pasaran ante sus muros. Pero en los siglos XVII y XVIII el Convento de San José tuvo un gran predicamento entre la nobleza valenciana ya que era el lugar elegido por los miembros de la misma para que sus hijas profesaran en religión tomando los hábitos monacales.

Ni el fuego ni el agua pudieron con el Convento de San José y ha tenido que ser la especulación urbanística de esta caótica Valencia la que ha conseguido que aquel recoleto remanso de paz y tranquilidad situado en medio de la vorágine ciudadana pase a ser disfrutado tan sólo por unos privilegiados. En Mayo de 1931 los cielos de Valencia se iluminaban con la quema de conventos y colegios religiosos, y el Convento de San José no escapó a la antorcha revolucionaria. En 1936 varias de sus obras de arte fueron quemadas en la Plaza del Portal Nou, el mismo lugar donde cada 19 de Marzo arde la falla de Na Jordana. Y en octubre de 1957 cuando el Convento había recuperado su esplendor gracias a la donación de obras de arte de algunos particulares la brutal avenida del Turia que azotó la ciudad inundó las estancias conventuales destrozando de nuevo algunas de las pinturas.

Todos estos lamentables hechos no consiguieron acabar con el complejo conventual, donde también existe un excelente y frondoso jardín, y ha tenido que llegar el empresario Francisco Roig, aquel que fue presidente del Valencia C.F., poniendo los millones de euros ante el altar para que la Iglesia venda y destroce un patrimonio que no es de su propiedad. Desde tiempo inmemorial la jerarquía eclesiastica cree que todo es suyo y que las leyes están para su incumplimiento. La legislación que protege el Patrimonio Histórico, tanto la nacional como la autonómica, no va con estos pobres siervos de Dios- si ni tan siquiera pagan el IVA- y al grito de "maricón el último" la otra noche se dedicaron a cargar en camiones obras de arte del Convento y a arrancar la que está considerada como la mejor muestra de azulejos del barróco valenciano. Entiendo que las pobres monjitas que se pasan el día rezando por pecadores como yo no entiendan de arte y no valoren suficientemente unas pinturqas que han estado viendo cada día o crean que aquellos azulejos ya están pasados de moda y que ahora lo que se lleva es el modelo anunciado por la señora de Boyer pero se supone que la Santa Madre Iglesia tiene algún que otro experto en arte y leyes para situaciones como esta, aunque me temo que también tiene expertos en especulación y han sido estos los que han triunfado.

Como siempre las autoridades "incompetentes" han llegado tarde. Cuando, al parecer, ya no queda nada que expoliar la Fiscalia y la Consellería de Cultura comienzan a tomar medidas. Hace un año largo que el Consell Valencià de Cultura viene avisando de que situaciones como esta se podrían producir, ya se han producido algunas, pero desde la Consellería se ha mirado hacia otro sitio. El Ayuntamiento de Rita Barberá tampoco ha andado listo para aplicar medidas protectoras a pesar de que el Convento de San José está protegido por el PGOU, pero ya sabemos que a nuestra alcaldesa la cultura le resbala por esos preciosos trajes de chaqueta que acostumbra lucir.

Ahora muchos valencianos estamos como Santa Teresa- "vivo sin vivir en mi"- esperando saber qué ocurrirá con el viejo Convento de San José. ¿Habrá hotel?, ¿Tendremos un parking sobre los restos de las antiguas murallas?, ¿Dónde están los cuadros y azulejos expoliados?, ¿Dimitirá algún responsable?, ¿Hasta cuando creerá la Iglesia que el patrimonio cultural es suyo?. Mientras llegan las respuestas espero que las pobres monjitas, Carmelitas Descalzas, con el dinero que han obtenido de la venta del Convento puedan, al menos, comprarse unos "manolos" para ir "calzadas" o una limosnera de Prada para cuando salgan a recoger óbolos por esta ciudad donde ultimamente el mundo de la moda parece ser lo único importante.

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