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La capa del Cid se arrastra en la Maestranza
Ignacio de Cossío
La capa del El Cid es inmensa cuando se abre en la Maestranza. Nada sobresale más que sus verónicas bajas, de brazos dormidos tocado las piernas, mecidas, acompañadas y tan toreras que pudimos contemplar durante la lidia de sus dos toros ayer tarde. En el primero se presume de un gran pitón izquierdo, Manolo lo lancea con majestuosidad. Tres verónicas y la media, muy despacio casi en cámara lenta nacen, como por obra de arte y magia, en las muñecas del saltereño. Manolo, nunca te he visto así de bien con el capote. ¿Dónde has estado todo este invierno? Vuelve en el quite de los caballos también a la verónica para dejar en evidencia las enganchadas gaoneras del compañero en su desquite posterior. El toro no tiene fuelle ni clase y hasta mansea metido en corrales. Se ven y se oyen los lamentos y los rebrincos del animal. Todos desde nuestro tendido atónitos y perplejos contemplamos su nuevo y elevadísimo toreo de capa. Nada no hay que hacer es un toro que pide cercanías y no las merece, el estoque si y hasta dos pinchazos también. En el sexto la plaza era un estanque de agua parda. El toro parece bueno pero también esta lloviendo y en otras circunstancias el cuento tendría otro final. Bravo su comportamiento, el del toro y el de Manuel Jesús. Uno por su alegría y otro por sus verónicas, posiblemente de las más mecidas de esta gran feria.
El Juli, el presidente y el ganadero nos regalan un inválido que nadie lo quiere devolver salvo el respetable que haciendo honor a su apelativo se convierte en más amable aún todavía. Un capote por bajo Juli y a romperle del todo el cuello, esto a ti tampoco te conviene, como se ha puesto farolillos esta temporada. Largos fueron los naturales a su segundo, con la que está cayendo, Julián. Esta claro que por algo es una figura indiscutible, le recuerdo especialmente al natural en una serie muy asentada y firme. Pero claro con el menú de días pasados todo me sabe a poco, lo reconozco estuvo bien pero a mí solo levanta…dejémoslo.
Miguel Abellán se lleno de ambición y casta y se situó desde el primer momento en la puerta de los sustos para recibir con largas cambias y por triplicado a todos sus oponentes. Eso sí y la estocada a su primero magistral, pero otro toro flojo sin casta, soso hasta decir basta. Había que hacerle muy bien las cosas porque el no regalaba nada y Miguel no las encontró. Por cierto en el segundo de su lote, un jabonero sucio muy potable aunque sin humillar, debió perderle un paso, darle más distancia y ligar de manera rectilínea el toreo. Debió hacerlo rápido porque el animal solo tiene 20 viajes, mira eso lo hace muy bien también El Cid, un torero que no se anda con probaturas. Llegan los truenos y la lluvia, para entonces Miguel acariciaba su acero esperando mejor ocasión. ¿Y me pregunto yo, a cuál se referirá el maestro?
FICHA TÉCNICA
Plaza de toros de Sevilla. Décimo cuarto festejo de abono. Con lleno de no hay billetes en tarde lluviosa, se han lidiado 4 toros de Victoriano del Río y Cortés, desiguales, flojos y sin clase; y 2 de Juan Pedro Domecq, parejos, nobles y prontos.
- Miguel Abellán, de blanco y azabache. Silencio en ambos.
- Julián López El Juli, de sangre de pichón y oro. Silencio y ovación.
- Manuel Jesús El Cid, de burdeos y oro. Silencio en ambos.
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