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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

‘Yo, Farinelli, el capón’ de Jesús Ruiz Mantilla. Una apuesta distinta

Herme Cerezo
Herme Cerezo
martes, 17 de julio de 2007, 23:48 h (CET)
Lo primero que llama la atención de ‘Yo, Farinelli, el capón’, última novela de Jesús Ruiz Mantilla (Santander, 1965), es la mesura con que fluye su escritura, el equilibrio, el tempo narrativo de cada una de las páginas del libro. Lo segundo, un aspecto complementario de lo anterior, es cómo esa misma mesura se transmite al lector, algo especialmente interesante si tenemos en cuenta que la novela versa sobre una época convulsa y agitada como es el Barroco. Un curioso contraste el que consigue el escritor y periodista santanderino, que convierte su novela en una propuesta de lectura apacible y sosegada, sin estridencias, histéricos abstenerse.

Sin duda contribuye a ello el punto de vista escogido por Ruiz Mantilla, el punto de vista de un narrador, el mismo Farinelli, que cuenta 75 años de edad, muchos años para lo que podríamos considerar la edad media de la época, que espera la muerte sin prisas pero con cierta placidez y que decide echar un vistazo sobre su pasado. Es el suyo, el de Farinelli, un pasado nada melancólico, un repaso a sus glorias y fracasos, a sus grandezas y miserias. Si en el ‘Amadeus’ de Milos Forman, Salieri, el narrador, es igualmente una persona de edad avanzada, tropezamos, sin embargo, con un hombre atormentado y vanidoso a la vez, consumido por sus remordimientos y con una imagen deleznable de sí mismo, algo que no ocurre, desde luego, con el Carlo Broschi, Farinelli, de Ruiz Mantilla, que viene a representar más bien la figura del antidivo, del antihéroe.

‘Yo, Farinelli, el capón’ es una novela histórica escrita en primera persona, que adopta la forma de narración retrospectiva, desechando la fórmula literaria del diario. A lo largo de sus doscientas treinta y ocho páginas no encontraremos ni un solo diálogo. El Farinelli o Farinello, como él mismo dice que se le puede llamar al principio de la obra, se muestra como un narrador, como un contador de historias. Y a eso se dedica en el libro: a contarnos una historia. La suya.

Farinelli, cualquier melómano lo sabe, fue el ‘castrato’ más famoso que ha existido, un ser al que el mundo privaba de sus genitales para preservar su privilegiado timbre de voz. Así, resulta curioso e interesante descubrir que formar parte del ejército de ‘castrati’ en la Italia del siglo XVIII era un modo de vivir, de ganarse la vida, como otro cualquiera. En Nápoles, la legislación ofrecía a las familias con más de cuatro hijos la posibilidad de castrar a uno de ellos. De este modo y acudiendo después a uno de los numerosos conservatorios que existían en la ciudad por aquel entonces, el ‘castrato’ podía tener asegurada su supervivencia. En algunos casos, como el que nos ocupa, también la gloria. Y eso fue lo que hicieron con Farinelli, algo de lo que él se muestra orgulloso a lo largo de toda la novela, algo que deseaba desde pequeño, dada su temprana vocación por la música, y que le llevará a no echar de menos el sexo porque preferirá contemplar rendido ante su voz a todo un teatro abarrotado por un público entusiasta, antes que ver suspirar a una sola mujer gracias a sus dotes amatorias, tal y como le comentó en una ocasión a Casanova, el famoso destrozacorazones de la época. La castración, por tanto, no fue algo impuesto en el caso de Farinelli, sino deseado. Hay unas palabras del apóstol Mateo, incluidas en el libro, que resumen perfectamente el pensar del ‘castrato’: "Hay eunucos que nacieron tales del vientre de su madre; hay eunucos que fueron castrados por los hombres y hay eunucos que se castraron a sí mismos por amor del reino de los cielos. Quien es capaz de comprender que comprenda".

El gran mentor de Farinelli fue Nicola Porpora, un músico italiano de renombre, que invirtió en su discípulo un número importante de horas y que, como si fuese una estrella mediática actual y adoptando el rol de manager, planificó su trayectoria cuidadosamente hasta elevarlo al triunfo universal. Bolonia, Nápoles, Roma, Londres, Viena, Madrid y sobre todo Venecia ... serán sólo los escalones que irá ascendiendo Farinelli en busca de la gloria suprema, en pos de la admiración de los salones de media Europa. ¡Ah, Venecia!, la de los canales, la de los múltiples teatros, la del público entendido. En sus escenarios cantará Farinelli durante muchos años, en largas temporadas que abarcan desde el 5 de octubre hasta los Carnavales, rodeado de trajes y máscaras galantes, auténticos certificados del anonimato para sus portadores. Pero por ‘Yo, Farinelli, el capón’ no sólo desfilan ciudades. También lo hacen los músicos más importantes del momento: el propio Porpora, Riccardo Broschi, Haendel, un joven Mozart, Hasse, Scarlatti, Vivaldi o Pergolesi

Aunque, como ya he dicho, estamos ante una novela histórica, Ruiz Mantilla se aleja muy mucho de lo que se suele estilar por este género. Así la brevedad preside sus palabras. Descripciones las mínimas, indispensables, justas. Escuetos retazos de ambiente, de situación, sin peculiaridades especiales, pero que tienen la virtud de ponernos en situación, de hacernos soñar, de ver a los personajes y lo que les rodea. Con apenas media docena de palabras o un par de oraciones a lo sumo, el escritor santanderino lo logra, lo cual es un gran mérito suyo, porque si hay algo que puede frenar al lector para acercarse a la novela histórica es ese estereotipado concepto de tocho o relato plúmbeo que existe sobre el género. Pero en ‘Yo, Farinelli, el capón’ eso no ocurre. Al contrario, la ausencia de semejante parafernalia lexical le resta solemnidad, facilita su lectura y abre el apetito para futuras experiencias de corte similar.

‘Yo, Farinelli, el capón’ es un libro interesante, ameno, fluido, que se deja leer sin resistencias y que nos retrotrae a otro tiempo, a otros lugares, a otros ambientes, sin olvidar que Farinelli vivió una buena parte de su vida, dos décadas, entre nosotros, en el pentágono peninsular, y que su voz obró el milagro de curar la melancolía del monarca español de aquel entonces, Felipe V, el primer Borbón que reinó por estos lares. Eso le permitió gozar del favor de unos, pero también sufrir la envidia y el odio de otros. Como todo en la vida.

En resumen, una apuesta distinta para leer con la música de fondo de Rameau, de Handel o de Vivaldi – ‘Las cuatro estaciones’ no, por favor, mis improbables lectores, sean más originales -, que no les dará tregua hasta que se la acaben. Eso es ‘Yo, Farinelli, el capón’.

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‘Yo, Farinelli, el capón’, de Jesús Ruiz Mantilla. Editorial Aguilar. Febrero, 2007. Precio: 16.00 euros.

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