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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

La vida amenazada

Antonio García-Palao
Redacción
jueves, 26 de abril de 2007, 15:01 h (CET)
Si detrás de un complejo de superioridad se esconde otro idéntico de inferioridad, posiblemente hayamos encontrado una clave para comprender por qué el hombre maltrata a los animales, los esclaviza, se divierte a su costa, les niega todo derecho.

No hay nada más nocivo para la vida que el miedo. Éste despierta los instintos más primarios, bloqueando la razón y el conocimiento, la reflexión y el sentido común. El instinto de supervivencia desata la destrucción y la violencia.

La antropología nos ha desvelado que pueblos de los cinco continentes a lo largo de la historia han dado muestras de canibalismo con el enemigo. Se creía poder adquirir la fuerza del contrario comiéndoselo.

El hombre sigue mirando a los animales con temor a su fortaleza, a sentirse inferior al más pequeño y pacífico de ellos, con celos de sus tremendas capacidades, con recelo y mezquindad ante el despliegue fastuoso de la naturaleza.

Creerte inferior te hace pequeño y el ego temeroso reacciona con desmesura y violencia. Aún careciendo de garras, colmillos pronunciados, maxilares prominentes y otros atributos de animales carnívoros y estando dotados de manos prensiles con dedos finos y sensibles para escoger frutas y semillas e inteligencia para distinguir lo tosco y primario de lo valioso y sublime, el hombre sigue matando y devorando, esclavizando y torturando, esquilmando y destruyendo por doquier.

Plantemos cara al miedo y descubriremos que la única amenaza es nuestra actitud acomplejada ante la vida, aceptando con respeto y amor al fin, la maravillosa diversidad que nos acompaña.

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