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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Los riesgos de la censura

Francisco Arias Solís
Redacción
jueves, 26 de abril de 2007, 15:01 h (CET)
“Fiel esclavo del deber,
con tu excelente temple
todo lo has de poder.
Has convertido este pueblo
que te dimos ruinoso,
en un precioso vergel
de un ambiente delicioso.”


Jaime Tur. (Premio extraordinario de unos Juegos Florales de 1964).

La censura de prensa ha sido casi una constante en las últimas décadas de nuestra historia. Hasta hace unos treinta años, la prensa sólo podía referirse -salvo a amplia dedicación del deporte. a pequeños problemas de carácter local-municipal. Llegaron a circular -incluso- los conceptos “crítica constructiva” y “crítica negativa”, definiéndolas en el sentido de que la “crítica constructiva” consistía en señalar defectos y apuntar soluciones, mientras “crítica negativa” era aquello que apuntaba defectos sin señalar soluciones. En el fondo tratábase de un juego de palabras sin consonancia con la realidad, pues un periodista podrá denunciar la falta de empleo y de industrias en un municipio. Pero no va a publicar -junto a su artículo- el plano de los terrenos en que estas industrias pueden construirse y el número de puestos de trabajo de cada una de ellas. Sería tanto como convertir las páginas de prensa en un “Pleno del Ayuntamiento”. Pero ambos conceptos prosperaron y eran escasísimos los articulistas que se arriesgaban a señalar defectos por miedo a ser clasificados como “contumaces de la crítica negativa” y, por tanto, desafectos al régimen.

La mayoría de los directores de periódicos y revistas mandaban a las oficinas de censura las galeradas y se aguantaban con todo lo que el lápiz rojo tachaba. Ante la ausencia de protestas, quejas y reclamaciones los funcionarios que ejercían la censura acababan por considerarse infalibles.

Esto fue produciendo en el país una tendencia al elogio desmesurado, a la “coba” galopante que hacía perder el sentido a las más modestas autoridades administrativas, mareadas de tanto incienso lingüístico.

Normalmente, a nadie que concurre a unos juegos florales organizados por un ayuntamiento se le ocurre mandar una poesía piropeando al alcalde del ayuntamiento ese. Normalmente, los concejales que intervienen en el fallo de unos juegos florales organizados por el ayuntamiento al que pertenecen, rehusarían conceder el más mínimo galardón -y mucho menos un “premio extraordinario”- a una composición lírica integramente inspirada por el deseo de dar “coba” al excelentísimo señor alcalde que los preside. Pero la manía, fomentada por la censura, de confundir personas con el cargo y de creer que el elogio a las personas equivalía a dar pruebas de inquebrantable adhesión al régimen, produce manifestaciones literarias como la del premio extraordinario de esos Juegos Florales en el año 1964 que, terminaban con estos versos: “Adelante siempre en tu empeño / que jamás desmaye tu afán. / Que podamos gritar muy fuerte: / ¡Viva el alcalde de Flix! / ¡Viva Francisco Sanjuan!”.

Al desaparecer la censura, quienes desempeñaban cargos empezaron a ser criticados en su gestión; y se irritaban. En cuanto a los ciudadanos que compraban y leían los periódicos empezaron a enterarse de cosas que ignoraban. “¡Qué barbaridad! ¿De dónde habrá salido tanto paro, tanto “déficit” de viviendas, tanta pobreza, tanta corrupción, tanto pluriempleo, tanta droga y tantas ansias de mandar?”, pensaban abrumados.

Después de tantos años sin lápiz rojo, todavía, son muchos los administradores que no se han acostumbrado a que su gestión sea fiscalizada, lo que hace que sean muchos los administrados que pierden su serenidad cuando se enteran de “golpe” de tantos problemas como los circundan. Y es que, todavía quedan administradores como aquél del poema: “¡Era el que quiere en su pueblo / mandar siempre, y le es igual / ser de fulano o mengano / de este tal o de otro cual!...”

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