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Etiquetas:   A un toque   -   Sección:  

A la larga o a la corta, meterla es lo que importa

Luciano Sabatini
Luciano Sabatini
miércoles, 25 de abril de 2007, 11:29 h (CET)
Precioso espectáculo el visto y presenciado en, y desde el Madrigal. Villarreal y Barcelona demostraron cómo jugar al fútbol sin complejos, en un partido de los que hacen afición. Desde un análisis táctico los amarillos condujeron de manera el encuentro, manejando los tiempos, con una defensa adelantada y en centro del campo poblado y agazapado, en el que ni un solo jugador de campo dejó de correr para tapar los posibles huecos, y en el que los Ronaldinho, Xavi, Iniesta, Messi, o Eto’o volvieron a demostrar la razón del toque, y de paso que en espectacularidad no hay quien les gane.

Por más que digan y se quejen los culés, el Barça hizo una primera parte de escándalo, es más, si me apuran aseguraría que se comió a los castellonenses hasta el minuto 60 en que encajaron el gol de Pirés. Cygan tuvo que ser más veloz que su sombra para frenar a Messi cuando el argentino encaraba sólo a Viera, Ronaldinho dibujó una pared imposible con Xabi en el borde del área, para que el portero villarrealense se luciera, Eto’o falló lo infallable en un mano a mano con “paralotodo” Viera, y un puñado de grandes jugadas dan la razón a Rijkaard. Si el fútbol desplegado por los blaugranas no fue de escándalo, que venga “dios” Maradona y lo vea.

Pero, los pupilos de Rijkaard pecaron de lo peor que se puede hacer en el fútbol. Se sintieron tan superiores, en la posesión, en el control del juego, en la creación de jugadas de gol, que pensaron que el tanto acabaría cayendo; bien pudo ser así, pero en este deporte hay una máxima que dice “el que perdona lo acaba pagando”. Con sus armas, ni más ni menos, los de Pellegrini esperaron el momento en el que el enemigo estuviera despistado para asaltarle con un zarpazo y dejarlo moribundo. El tanto de Pirés (del que concedemos medio gol al primer toque de Cani en la asistencia) dejó la imaginación atacante de los blaugranas por los suelos, mazazo del que nunca podrían recuperarse.

Eto’o lo tuvo, Messi lo tuvo, Ronie lo tuvo, el Barça lo tuvo, y el submarino se llevó el gato al agua. En otro alarde de astucia táctica, Pellegrini mandó a su equipo atrás tras el gol, a sabiendas de la avalancha que les venía encima. La avalancha no fue tal, y sí lo fueron los contraataques que esperaba el técnico chileno. La sentencia de Marcos a la contra era de esperar.

El Barça pagó de la manera más amarga, con derrota en una jornada clave (léase victoria del Madrid y del Sevilla) su inoperancia de cara al gol. Aunque el fútbol gira en torno a la pelota, también lo hace alrededor de un buen planteamiento. Si yo no tengo jugadores mejores que mi rival para manejar el partido, puedo esperarle, replegarme y no dejarle huecos, y salir rápido cuando recupere la pelota. Los de Rijkaard habrán aprendido la lección, no basta con dominar un partido, goles son amores, y lo importante es saber meterla (la pelota).

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