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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Mileuristas del mundo, uníos (a José Blanco)

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
miércoles, 25 de abril de 2007, 10:06 h (CET)
Que los políticos son irrepetibles es algo que aprendimos enseguida, en cuantito pasaron los primeros días de aquello que dimos en llamar la Transición. Son seres humanos cuyas características, personalidad, cualidades y defectos se hacen especialmente notorios de tanto como se nos ofrecen en los medios de comunicación. Raramente se ofrecen desnudos, como esa imagen del líder de Ciutadans de Catalunya, raramente los vemos puros y desprovistos de los adornos de su poder.

Antes al contrario suelen disfrazarse, mudar el aspecto propio que tanto valoran, cuidar hasta el extremo qué porte ofrecen al infeliz ciudadano, escoger cuidadosamente las expresiones que emplean. Por eso tantos asesores de imagen, tanto cuidado al seleccionar una corbata, tanto milimétrico cálculo al elegir las palabras cuando osan bajar la mirada dirigirse al pueblo, a ese ciudadano al que se empeñan en defender aunque no se deje.

Por eso no termino de acostumbrarme a que nos enseñen tan despreocupadamente sus miserias, sus limitaciones, cuando hablan unos de otros, cuando sus críticas, las de unos y otros, siempre tan amargas, se dirigen en busca de la diana de la credibilidad del contrario. Ésa, la credibilidad, la honorabilidad, la imagen pública del rival, es la línea de flotación a la que dirigen siempre sus envenenadas palabras. Pero el espectador atento no puede dejar de preguntarse qué honorabilidad sufre más, si la propia o la ajena, cuando un político ofende a otros. Con tal de insultar todo vale, deben de pensar, sin darse cuenta de que algunos les estamos escuchando. Escuchando, digo.

Ésa y no otra debió ser la intención de Pepe Blanco cuando nos descubrió sus seis mil euros de ganancias mensuales. Mileuristas del mundo uníos, pero de seis en seis, al secretario de Organización del PSOE. Detrás de los seis mil euros mensuales de Pepe Blanco no hay más que el deseo de un politicastro de dejar en evidencia a Mariano Rajoy, alguien que, mis lectores habituales ya saben, no es santo de mi devoción.

¿O es que Blanco lo pregonaba por otro motivo? ¿Qué cree el político gallego que habrán pensado los cientos de jóvenes que venden sus 35 ó 40 horas semanales por mil euros al mes? Hay políticos que se degradan, que degradan la política, cada vez que abren la boca con tal de degradar a los demás.

Nadie va contando sus ganancias, por cierto tan lejanas del común de los mortales, sin motivo aparente. A ésos en mi pueblo les llamaban chulos. Chulos, sin más, a secas. Mariano Rajoy, a quien me negué a seguir en televisión como tampoco seguí a Zapatero, hizo muy bien en ser discreto con sus ganancias ante una persona que confesaba ganar 300 euros de pensión compensatoria.

Pepe Blanco, como todos aquellos portavoces de la verdad particular de cada partido, bandería o secta es uno de mis animales preferidos. Siempre tengo la duda de si lo pondría encima de la televisión, con el toro banderilleado y la bailaora flamenca o encima del armario trinchero con la foto de mi tía Eduvigis y su perrita Lali. Los mileuristas ya saben a quién deben parecerse, me imagino a todos ellos diciéndose “Yo de mayor quiero ser Pepiño Blanco”.

Es muy fácil saber lo que gana Rajoy, es diputado y su sueldo de parlamentario de más de tres mil quinientos euros al mes está regulado. Además añádanle lo que le pague su partido de sus propios presupuestos. Por cierto Blanco podía haber dicho lo que gana el presidente de la Generalidad, más que el propio presidente del Gobierno, manda narices, pero de ése no habla, pa qué si es de su pandilla.

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