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Etiquetas:   La tronera   -   Sección:   Opinión

Disparos al mensajero

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
miércoles, 25 de abril de 2007, 10:06 h (CET)
Hace tiempo que la falsedad se ha instalado en el partido del Gobierno. El insulto, la persecución al disidente y a quienes ‘plantan’ nombre y apellidos a las atrocidades que cometen en nombre de la democracia, también son recurso frecuente, como en momentos ominosos de nuestra Historia. Hace unos días decíamos en un artículo que “Pocos, como la eurodiputada, Rosa Díez, conocen la persecución desde ETA y desde el socialismo. Frente a ella, sus propios correligionarios han construido una muralla de odio, acoso y derribo, desprecio, (…), amenazas y premeditados rumores”.

Tal entrecomillado no ha debido de encajar bien entre las huestes socialistas. Los mandados del resentimiento, los legionarios del odio, los gladiadores de la traición y los mercenarios del infundio, con vocabulario fascista, muy propio de los aledaños del socialismo, siguen difundiendo falsedades contra su compañera, desde el anonimato, como suelen actuar los ‘valientes’.

Alegan los mensajeros del desprecio a la eurodiputada, Rosa Díez, que abandonará las filas socialistas, sin renunciar al acta. Se evidencia que, el objetivo clave de esos ‘talibanes’ del socialismo y de la envidia, es linchar a esta mujer, que ha sabido estar siempre a la altura de las circunstancias y de los acontecimientos. Como lo han estado otros buenos demócratas, frente a chapuzas como el caso De Juana Chaos, absurdos como Otegi, cobardías como los chivatazos al entorno etarra o correrías por las cloacas del Estado de Derecho.

Mientras todo ello sucede, el partido del Gobierno actúa de Pilatos. Una vez más, el engaño y la mentira decoran la bandera del caduco y vetusto partido que aún osa llamarse socialista, obrero y español. Cada vez son más los desencantados que abandonan las filas del socialismo, al haberse instalado esta formación en la crispación, los extremismos derrotistas y el erróneo desarrollo de la sociedad española.

Por otra parte, la ciudadanía advierte que el Gobierno y el partido que le sustenta carecen de objetivos concretos. Se ha comprobado que el Gobierno de Rodríguez actúa sin horizontes, a modo de antigualla; decide en el día a día; carece de política exterior y, cuando sale el presidente, confunde los conceptos o no sabe estar a las duras: lo mismo le da decir Sahara que “aguas marroquíes”. Lo único que le suele interesar es “sacar la nota” a los medios de comunicación, como sea.

El libro de Valenzuela ha hecho mucho daño en Moncloa. El presidente ha quedado al descubierto, enseñando las posaderas. El Gobierno no queda en buen lugar. La improvisación lo preside todo. La falta de organización y planificación está por todas partes. Hasta ahora, solo la rara habilidad de Pérez Rubalcaba y las sospechosas artes de ‘Teresita de la Vogue’ han conseguido que el presidente Rodríguez no haga el ridículo más espantoso a diario.

No tardando, Rodríguez volverá a quedar como “Cagancho en las Ventas”, tal y como sucedió en la negociación con ETA; el engaño de De Juana y sus primaverales paseos por los alrededores del Hospital de San Sebastián; la burla de Otegi; la huida hacia adelante del maltratador Eguiguren, amparado por el socialismo vasco, a pesar de la condena por maltrato doméstico y todo un innumerable balance ‘zapateril’ que ha culminado en la crispación social. Una crispación alimentada por voceros como el bachiller ‘Pepiño’ (“Ciudadano: Tengo un insulto para usted”) o Jesús Polanco, falangista reconvertido y aturdido, además de artífice del triple salto ‘guerracivilista’ que tanto le ha gustado y del que mucho ha abusado.

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