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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

La huida de las abejas

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 25 de abril de 2007, 10:06 h (CET)
Algo tan bucólico y pastoril como un panal de rica miel, semejante al inmortalizado por una fábula de Samaniego, es motivo de honda preocupación. Y no es un tema político, ni económico, ni está relacionado con el fútbol. Pero es más trascendente que cualquiera de ellos. ¿Qué les sucede a las abejas que están desapareciendo misteriosamente de sus colmenas? ¿Y, si se fueran de la mar los peces, o los pájaros del cielo? Provoca un escalofrío. Algo tan ligado a la historia del hombre en la tierra desde sus orígenes, se comprueba que está cambiando de hábitos… ¿Se irán también de la Alcarria?

En un folleto de la Unión francesa de apicultores de 1994, se atribuye a Einstein la siguiente afirmación: "Si desaparecieran las abejas, al hombre sólo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres". Apócrifo o verdadero, el mensaje estremece, pero la huida de las abejas de “por donde solían”, resulta más de constatar que cuanto se lleva escrito acerca del cambio climático.

Pero, ¿de qué huyen las abejas? Entre las diversas causas con las que se especula para culpabilizar al hombre en esta “movida”, se citan a los insecticidas, el transporte comercial de colmenas para polinizar diferentes territorios, la modificación genética de las plantas que son alimentos, etc. Científicos alemanes, incluso, sospechan que las ondas magnéticas que hacen funcionar los teléfonos móviles pueden interferir en el sistema natural de navegación de las abejas, desorientándolas. “A la finitiva”, como decía Dolores, la mujer sabia que cuidó de los hijos de Epifanio: Ya se sabe, siempre es la mano pecadora del hombre.

Primero fueron los dinosaurios, ahora las abejas. A pesar de leyes progresistas con las que se fuma menos que antes. Hay que prohibir los móviles, ¿y, si no tienen que ver?... como escribe Epifanio del Cristo Martínez, mientras se toma un café “negrito” tumbado en su hamaca allá en el Valle del Cauca contemplando el panorama a través de su catalejo.

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