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Etiquetas:   Micro abierto   -   Sección:   Opinión

Alientos de poder, alientos de querer ser

Pelayo López
Pelayo López
martes, 24 de abril de 2007, 09:09 h (CET)
Dada la cercanía electoral en el ámbito municipal y, en la mayoría de los casos también en el marco autonómico, esta licencia de libre configuración semanal quiero dedicársela en el presente día, al menos en unas cuantas frases, a uno de los fenómenos que con mayor promiscuidad suele producirse en este tipo de citas: la polivalencia de cargos. Se encuentra cada vez más próxima esta nueva fecha democrática y vamos conociendo, poco a poco, con cuentagotas, los pormenores de las listas que presentarán en ese día las distintas formaciones políticas. Resulta loable, o al menos a mí me lo parece, el que algunos representantes públicos sean capaces de compaginar más de un cargo público sin que, tal y como los propios interesados argumentan, se produzca interferencia alguna entre sus distintos quehaceres. A modo de ejemplo valga que, sin salir de mi entorno más cercano, y dentro de las posibilidades abiertas por las urnas, el alcalde de la capital autonómica pueda ser, al mismo tiempo, vicepresidente regional. Aplauso merecido para sus señorías si es realmente así. ¡Extraordinario!

Extraordinaria no va a ser, por el contrario, y pese a la petición pertinente por parte del PP, la comparecencia del Presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), ante nuestros distinguidos congresistas para dar a conocer los motivos que le han conducido a anunciar, de momento no a presentar, su dimisión del cargo. Es curioso, no sé si en otros rincones del mundo pero sí en el nuestro creo, que una persona sea capaz de morder el dedo de quien le ha nombrado para ejercer esa función. Ya se sabe, a veces sucede que le das la mano a alguien y se toma el brazo entero, y es que, la confianza se gana día a día, y las discrepancias nacen de la noche a la mañana.

Esta semana también hemos contemplado una vez más la cara y la cruz de nuestra sociedad. Mientras en Virginia, en Estados Unidos, podíamos comprobar, lamentablemente una vez más, la cruz, el poder de la violencia alentada en pos de la coacción social, en Cádiz, en su bahía, podíamos dar fe igualmente de la cara, la cara amable pese a las dificultades de la solidaridad de un cónclave que lucha por sus derechos y por su pan. Cada sístole y diástole, se suceden, jornada tras jornada, hoja tras hoja en el libro de la historia colectiva y singular, alientos de poder, alientos de querer ser.

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