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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cojones y dinamita

José Luis Palomera
Redacción
lunes, 23 de abril de 2007, 21:53 h (CET)
Todo el mundo habla del 11M... y yo digo: Hablemos de antes del 11M, trágico día que no se hubiera producido si antes no existieran muchas docenas de polvorines desperdigados y sin control alguno como el de la “mina conchita”.

Lo que deseo resumir no es otra cosa que denunciar la más absoluta ineptitud de los cuerpos encargados de la seguridad ante la excesiva facilidad que existe en muchas minas españolas para hacerse con explosivos.

Un hombre sea terrorista o no apenas puede hacer daño si no dispone de elementos esenciales para tal menester, en este caso explosivos, pues bien, si sabemos que los explosivos son a los terroristas como la espoleta a la dinamita el primer mandamiento de toda lucha antiterrorista ha de ser la exageración en el recaudo de estos materiales, los cuales son determinantes a la hora de los asesinatos masivos.

Lo de la mina conchita es de harto blasfemo, que no se puede ni nombrar en un país medianamente serio, ya que incluso días después del 11M, según testigos, la dinamita andaba más o menos al apaño de cualquiera que deseara hacerse con ella.
Pues bien, dicho esto que es verdad, algo no ha funcionado bien en las últimas décadas en los cuerpos de seguridad del estado.

Es de lógica aplastante en toda lucha terrorista empezar controlando toda forma de hacerse con explosivos así como la venta de sus componentes, ya que sin los mismos, los que se auto-inmolan y demás tendrían que hacerlo a través de tragarse cianuro para ver si con sus podridas bilis consiguen reactivar sus gases y se descomponen en un plis-plas de aerofagia.

Dicho esto, ha de decirse que las fuerzas de seguridad españolas no supieron, años tuvieron para saberlo, resguardar a cal y canto todo acopio de explosivos por parte de personas ajenas a su utilización.

La financiación más letal de todo el terrorismo son los explosivos, sin estos apenas son nada, si además se les controla la adquisición de armas no pasan de ser unos patéticos enfermos mentales hastiados de cobardía.

Verdad es que no se puede echar la culpa de un atentado a nadie que no sea el propio terrorista , pero esto no es óbice para decir que en cuanto al control de explosivos las medidas adoptadas al menos hasta el 11M eran irrisorias patéticamente irrisorias.

Lo de la mina asturiana, no me lo he inventado yo, refleja claramente la facilidad que se tiene al menos en España para entrar en las minas y llevarse vigilante y perro incluido si falta hiciese.
Cual perplejidad más absoluta, no se entiende cómo es posible que siendo uno de los países con más terrorismo tengamos el acceso a los explosivos con carrito de la compra incluido. ¿ O es que solamente el supermercado de la dinamita está abierto en Asturias?...

Siento tener que decir que de nuevo la bella y entrañable tierra asturiana aparece en un episodio negro de España, la dinamita depositada en sus descuidadas minas y la sanguinaria crueldad de algunas de sus gentes , como en otras ocasiones de la fúnebre historia de este país, fueron determinantes para cometer el mayor atentado terrorista, en cual costó la vida de dos centenares de personas y miles de familias rotas para siempre.

La ignominia de seres enfermos, el descuido de algunos, y otros inhumanos, interesados o no, nacidos en Asturias propiciaron la masacre.

Si bien es verdad que Asturias en su conjunto no debe de ser juzgada, verdad es que la mercancía salió de su casa, y fueron asturianos quienes la proporcionaron, ¿coincidencias?, tal vez pero ya son demasiadas, puesto que en los períodos más funestos de este país en el último siglo casi siempre Asturias adquiere especial protagonismo “Cojones y Dinamita”.

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