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José María Ruiz–Mateos y su mejor legado: sus hijos

José María Moncasi de Alvear
Redacción
domingo, 22 de abril de 2007, 03:51 h (CET)
En alguna ocasión ya les he confesado mi admiración hacia este empresario roteño y jerezano, que está casado con la más que conocida Teresa Rivero y que es padre de familia muy numerosa. El otro día supe que los Ruiz – Mateos Rivero son ya 78, contando con los nietos. El último de éstos se llama Juan (hijo de Alfonso y Alejandra) y que fue bautizado el pasado 3 de abril en Jerez.

Pues bien aquella madrugada de 23 de febrero de 1.983 viví con verdadera intensidad y preocupación, no ya sólo por aquel atropello y robo que sufrió este jerezano adoptivo y toda su familia, sino porque se nos avecinaban dudas sobre el futuro de nuestra formación académica y humana que allí recibíamos. Y es que este que les escribe estaba interno en el Colegio Izarra (Álava) que por aquel entonces pertenecía a la órbita de Rumasa, ya saben, el mayor holding privado de capital familiar y español. Y he aquí que al cabo de los años he tenido el honor de poder conocer personalmente a esta persona, que desde aquellos años, siempre he admirado: José María Ruiz – Mateos.

Siempre pienso que será hoy de los Mariano Rubio, Miguel Boyer (que aún hoy en día seguimos sus andanzas), Javier de la Rosa y Mario Conde, entre otros, que lo único que buscaban era lucrarse a costa de los demás, todo lo contrario de nuestro protagonista: Ruiz - Mateos. O incluso pienso que dónde estarían hoy las grandes fortunas o empresarios, perdónenme si no cito sus nombres que están en la mente de todos ustedes, si les hubiesen robado de un plumazo las empresas que un día crearon a base de mucho esfuerzo y sacrificio.

Porque estoy seguro, que la mayoría de los ciudadanos de este país, pensamos que si les hubiese ocurrido lo que a Ruiz – Mateos, ahora seguramente estarían no ya olvidados y queriendo ser olvidados, sino que estarían pasando su propia “crucifixión” y “martirio”, sino es que lo están sufriendo ya.

Actualmente, y a estas alturas de la película, los españoles saben de sobra que el bienestar de un país y un pueblo se asienta sobre el esfuerzo y visión de personas como este roteño de pro y jerezano adoptivo que, por cierto, ahora vive para los demás. Sí, sí. Su patrimonio lo dona, y de qué forma, a personas o instituciones desfavorecidas. Hace unos días supimos que había donado 220.000 euros (37 millones de las antiguas pesetas si no me equivoco) a las 36 hermandades jerezanas – más la de Rocío por su aniversario – para que puedan sufragar sus numerosos gastos propios de una cofradia amén de sus labores sociales. ¿Qué cuál es el motivo de esta decisión? Bien fácil: Su amor a Jerez y los jerezanos, y sin pedir nada a cambio. ¡Qué ejemplo!

El caso de José María Ruiz – Mateos debería estudiarse en las Escuelas de Negocios, no ya de este país sino del mundo entero. Desde aquí animo a los decanos de las Escuelas de Negocios, que tanto prestigio tienen en otros países, a que desarrollen el caso del mayor “expropiado” de España. Este espíritu de lucha y de confianza en uno mismo, es lo que falta en la juventud actual. Ruiz – Mateos es alguien único y ejemplar en el mundo de los negocios, por el simple hecho de que encontrándose sin nada en el mundo, vuelve de nuevo a levantarse y a echarse a andar.

También es ejemplar el caso de su mayor legado: Sus hijos. La transición a la nueva generación es modélica y ejemplar. Ellos, claro está, sí que tienen ciertos recelos de los gobernantes en general y de todo el mundo en particular. ¿Pero cómo van a confiar, después de lo que les ha pasado? Sin duda es una casta emprendedora, donde las haya, siendo el único ejemplo que reciben el del trabajo, tesón, espíritu de sacrificio, gran sentido de austeridad y lo más importante, sentido de la unidad familiar. Este último es el factor clave para entender a esta gran familia empresaria.

A mi modo de ver Dios le ha pedido – y le pide – mucho a José María Ruiz – Mateos. El Altísimo le concedió al de la ‘abeja’ muchos dones. A la vista están: Sus hijos, sus empresas, su buen hacer, su humanismo, su voluntad de crear empleo y, sobre todo, su convicción – desde una fe inquebrantable – que aquí todos estamos de paso hacia el más Allá.

Sus hijos le admiran y agradecen a Dios esa prueba hacia su padre. Y todo tiene su sentido: Sus vidas, su papel de padres y esposos, su sentido de la amistad hacia los que les rodean, su sentido de la responsabilidad y sobre todo por el bien de las almas, de la sociedad y para agradar al Cielo.

La perspectiva del tiempo me hace pensar que la opinión pública (mal que les pese a algunos), sí que admira a Ruiz – Mateos, no ya por su pasado – que es motivo de aprendizaje -, sino por el presente que son sus hechos.

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José María Moncasi de Alvear es consultor de comunicación.

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