Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Eran estas la Autonomías que quería la Constitución?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 20 de abril de 2007, 10:00 h (CET)
Dudo de que los padres de la Constitución –aquellos que tanto se esforzaron por dejar a los españoles un instrumento jurídico capaz de regular la las relaciones humanas dentro de la Nación – pensaran, ni por un momento, cuando establecieron el Estado de las Autonomías, que éstas acabarían siendo un semillero de discordias, un pretexto independentista y un peligro serio para la unidad nacional. Todos aquellos esfuerzos en encauzar las reivindicaciones culturales, regionales y económicas de las distintas regiones españolas, dándoles un estatus de autonomía y cediendo una parte importante de las competencias del Estado, para así abortar los ramalazos independentistas que se empezaban a manifestar en algunas partes de España; resultaron baldíos. La intención, sin duda, fue buena, pero no se contaba con la rapacidad insaciable de los políticos, en especial de aquellos que comenzaron su trayectoria desde la clandestinidad. Esta visto que esta especial categoría de personajes levantiscos, estos que se alimentan del odio hacia los demás, que hacen de su vida una búsqueda constante de la utopía, aunque para ello tengan que saltarse las leyes terrenales y las barreras morales; son unos depredadores insaciables que, cuando consiguen una parte, ya no se conforman hasta que han obtenido el todo.

Los primeros efectos del nuevo régimen fueron el incremento desmesurado del funcionariado. Donde había un Gobernador Civil se instauró todo un Gobierno Autónomo; donde había una delegación estatal se ha instalado un organismo autónomo, en algunos casos duplicándose las funciones; donde había policía y guardia civil, se han creado otros cuerpos similares; donde se estudiaba en castellano hoy, en algunas autonomías, se estudia en la lengua vernácula con total olvido del idioma del Estado, etc. Muchos funcionarios significa: mucha burocracia, mucho gasto no productivo y mucho enchufismo.

Contrariamente a lo que se podría suponer en un principio, el ciudadano no se siente más cerca de sus representantes. En primer lugar, porque los gobernantes de las autonomías están más enfrascados en sus altercados con los otros partidos que en la función de gobernar; en segundo lugar, porque con el sistema de listas cerradas nadie conoce a quienes les representan y, por lo tanto, resultan tan lejanos como lo podrían ser unos que los representasen desde Madrid; en tercer lugar, porque la circunstancia de que gobierne un partido político el Estado no significa que gobierne en las autonomías que pueden estar dirigidas por otros partidos o incluso por partidos separatistas, como ocurre en Catalunya o el País Vasco.

Si cada día se conceden más competencias a las autonomías y el Estado se va adelgazando y perdiendo poder, ya me dirán ustedes lo que nos beneficiamos de que ganen los del PP o los del PSOE si después nos tenemos que aguantar con un Tripartito o con un PNV, que van por libre y hacen de su capa un sayo. Vean el ejemplo catalán, donde se despilfarra el dinero entregando cantidades astronómicas para que se hagan películas contra el régimen franquista o para subvencionar el cine catalán con millones de euros, cuando su proyección dentro del resto de España y en el extranjero es mínima. ¡Y todo esto con nuestros impuestos! En vez de utilizarlos para reparar las carreteras, o para poner más transporte público o para mejor asistencia a las personas mayores; los utilizan para encargar encuestas, pedir dictámenes, solicitar estudios (que nadie sabe para lo que sirven salvo que, para que alguno, le representen unas buenas comisiones)

En el tema del idioma y la enseñanza todavía es peor. Imposiciones, multas, presiones, incumplimientos de la ley etc., son moneda corriente cuando se trata de poner pegas al idioma español o pedir que se imparta la docencia en este idioma. Al delegarse las competencias en la materia de enseñanza y ante la incapacidad del Gobierno de dictar unas normas, claras y sensatas sobre el sistema educativo, ocurre que, en cada autonomía, se decantan por lo que más les interesa. Obvio es decir que, si el ministerio de Cultura se dedica a desprestigir nuestra enseñanza al permitir que se pase curso con la mitad de asignaturas suspendidas, ¡apaga y vámonos! No tengan la menor duda de que, de aquí a un tiempo, en el resto de Europa no van a querer ni oír hablar de nuestros universitarios.

Existe un sector donde la preocupación por el sistema autonómico tiene una especial importancia. Se trata del de los pensionistas, que ven con verdadera inquietud la posibilidad de que el pago de las pensiones pase a depender de los gobiernos autonómicos, dejando de ser competencia exclusiva del Estado. Los problemas económicos que caracterizan a los entes autonómicos, la poca fiabilidad de sus administradores, los despilfarros de los presupuestos poco dicen de la solvencia y garantía que se les debe exigir a los responsables del pago de unos emolumentos de los que depende la subsistencia de millones de personas.

En otra ocasión podríamos comentar el tema de la inmigración, de la seguridad, de la propiedad y de la seguridad jurídica que, según en que autonomía se vivan, tienen distinto tratamiento. Todo se andará. Entre tanto, recemos para que las cosas no vayan peor, aunque, si les he de ser sincero, ¡creo que lo irán!

Noticias relacionadas

Patriotismo vs. pasotismo

“Cuando la patria está en peligro no hay derechos para nadie, sino sólo deberes” E. von Wildenbruch

La retirada de Trump del acuerdo sobre cambio climático y el movimiento social que desencadenó

Falta de educación

El respeto, la educación y los buenos modales se están perdiendo en los adolescentes

El nefasto cuento de la lechera del separatismo catalán

“Es lastimoso que seamos seducidos por nuestras propias bufonadas e invenciones” M.E de Montaigne

Sin retorno

a locura melancólica no tiene sentido; pero el reto del progreso no admite enajenaciones
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris