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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Lo que quiera en mil palabras

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
miércoles, 18 de abril de 2007, 09:39 h (CET)
La Escuela de Escritores de Madrid y la Escola d´Escriptura del Ateneu Barcelonés proponen, ante el empobrecimiento del lenguaje, el apadrinamiento -gratuito- de palabras.

Quien esté enamorado de una palabra de la lengua catalana o castellana puede mejorar su futuro por el simple hecho de registrar su nombre y el término en cuestión.

El empobrecimiento del léxico se ha edificado en muchas ocasiones sobre la sólida base de la palabra heterónima. Palabras que bajo una sola forma esconden significados y usos diversos, muchas veces contrarios.

Si damos por buena la sentencia -que creo haber comentado en algún otro momento- de Sapir cuando dice que ‘pensamos con palabras’, sin duda el conflicto sobrepasa las fronteras de la mera comunicación. Al menos en el sentido de comunicación primaria. El clásico polinomio emisor-receptor-mensaje-canal-código asciende al terreno de lo que podemos y lo que no podemos pensar.

Nombrando sucesos diferentes con la misma palabra, nuestra capacidad de imaginarlos en parcelas separadas de la realidad también se limita a un encuentro en algún punto común de ambos.

El sustantivo contiene la sustancia de lo que denomina, no es más que un recipiente de su significado. Limitamos nuestra visión del mundo al extrapolar a nuestra vida el método del ‘inglés en mil palabras’.

En estos casos se hace un uso excesivo del contexto. El significado se remite de manera ineludible al momento inmediato, por lo que el tiempo reduce las posibilidades de recordar qué nos gustó y qué nos entusiasmó.

Y cuando todo es ‘guapo’ o ‘genial’, ¿cómo podremos reconocer lo que es realmente excelso o lo que es realmente bello? La experiencia del violinista Joshua Bell en el metro de Washington demuestra, según el Washington Post, que no sabemos reconocer la belleza aun teniéndola a dos palmos de nuestros sentidos.

No es problema de los sentidos. Simplemente, lo bello no pasa de ser ‘guay’.

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