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Cosas del Atleti
Daniel Sanabria
Ayer se cumplieron seis meses. Fue un 16 de octubre del ya olvidado 2006 cuando los dos extremos del Atlético de Madrid fueron operados de la lesión que compartieron juntos, y que ha sido la moda de nuestra liga: la rotura del ligamento cruzado anterior. Quizá algunos aficionados de otros equipos hayan olvidado que Maxi y Petrov existían, y que eran futbolistas. Pero la grada del Calderón piensa en ellos cada día, como quien tiene una novia a cientos de kilómetros.
El Atlético es un equipo que fue preparado para atacar. Se ficharon dos delanteros para complementar a Torres, a Miguel de las Cuevas para acompañar en los extremos a Maxi y Petrov, y a Jurado para la mediapunta. En apenas un mes de competición, todos los planes del club rojiblanco se vinieron abajo. Miguel, lesionado de gravedad. Maxi, con ligamento cruzado. Petrov, también.
No sé como habría sido el sino del Atlético esta temporada si nada de esto hubiera ocurrido. Lo que sí sé, porque lo veo cada domingo, es que el Atlético se está convirtiendo en un equipo rácano, italiano al máximo. Ni buscan con ahínco el primer gol, ni cuando ya lo han conseguido intentan hacer el segundo. El Atlético toca y toca en defensa, y si marca gol en alguna jugada aislada, defiende el resto del partido.
Esta situación provoca que los aficionados del Atlético se acuerden de sus lesionados cada domingo. “Si estuvieran Maxi y Petrov les meteríamos tres”, piensan muchos cuando ven a su equipo. Pues bien, ambos jugadores han llegado ya al final de la rehabilitación. Aquí llega mi duda: según el doctor del club, José María Villalón, “las rodillas de Maxi y Petrov están como antes de lesionarse. Les hemos dado el alta pero no podemos valorar cuestiones técnicas de Aguirre”.
Es decir, que Villalón insinúa que si Maxi y Petrov no están jugando y ni siquiera entrando en las convocatorias es porque Aguirre no quiere. ¿Por qué (me pregunto yo)?
La moral y el ‘subidón’ que provocaría una reaparición conjunta de ambos jugadores en el Vicente Calderón tendría unos efectos en la grada y en la propia plantilla quizá más importantes que los que puedan aportar futbolísticamente sobre el terreno de juego. En fin...
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