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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

Ojos y mente

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 17 de abril de 2007, 09:39 h (CET)
Esta abarcable Aldea en que se ha convertido el mundo en que se vive, adolece de los mismos o parecidos defectos que le aquejaban cuando todo era, paradójicamente, más pequeño. Y, es que, el que no acierta a crecer es el hombre. Parece como si no supiera vencer su miopía. Y no es por meterse con los miopes, porque todos los defectos, sean de la visión o no, son disculpables si no se ha hecho un esfuerzo deliberado por adquirirlos, lo que los transformaría en vicios. El miope ve bien de cerca, y fatal de lejos. El cristalino miope es una lupa, por eso ven con tanto detalle las cosas de cerca, pero se pierden a la hora de mirar a lo lejos. Desde un lugar muy cercano, tiene que imaginarse cómo será lo que está apartado. Lo que está pegado a él, lo distingue perfectamente, y hasta lo puede incorporar como suyo. Sin embargo, el problema lo tiene al contemplar objetos distantes, que, al no poder analizarlos con precisión, tiene que imaginarlos.

El defecto visual opuesto es la hipermetropía, en que la visión es perfecta para contemplar el panorama, es decir, el horizonte. Lo que tiene cerca, incluida la letra impresa, resulta un tormento, porque no “ve” exactamente que es, y tiene que imaginarlo o recurrir a otros sentidos, como el tacto, para deducir que las tapas de un libro son de piel, por ejemplo.

Ambos defectos influyen sobre la mentalidad del que los arrastra. Así, la estructura mental del miope, le hace construir su forma de pensar sobre las cosas o ideas que tiene muy cerca, y, a partir de ellas, imagina el mundo remoto. El hipermétrope, de modo parecido, pero opuesto, supone lo que tiene cerca es como si fuera algo de lo que distingue de lejos.

Con su pequeño bagaje informativo, el miope emprende la aventura de opinar sobre la inmensidad distante. El hipermétrope juzga lo cercano según imagina que se corresponde con la lejanía. Cuando aparece la “vista cansada” o presbicia, el miope compensa su defecto, y el hipermétrope, aumenta el cristal de sus gafas, pero está acostumbrado a ellas. La madurez debería ser la ocasión de compensar ambos defectos, aunque hay algunos que ni con esas.

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