Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

El último tren

Xabier López de Armentia
Opinión
lunes, 16 de abril de 2007, 10:14 h (CET)
¡Pasajeros al tren! – aviso que daban los uniformados hombres que, subidos al tren, nos emplazaban a “coger” el tren, y por tanto esa oportunidad que nos brinda el futuro de viajar y conocer nuevos parajes. Muchas veces comparamos esta acción con el hecho de tener delante una oportunidad única y debatirnos entre “aceptarla” o “no aceptarla”. ¿Cuántos trenes hemos visto pasar en nuestra vida? ¿A cuántos hemos subido? ¿A cuántos nos hubiera gustado subir?

Podríamos decir que la oportunidad de la paz era un tren, un tren muy deseado por el conjunto de ciudadanos vascos y españoles. En los últimos meses hemos visto como han pasado trenes y trenes y no hemos cogido ninguno. Estos últimos meses, desde el atentado de Barajas, he tenido la sensación de estar frente al último tren.

La sensación de poder estar ante la última oportunidad de lograr la paz para Euskal Herria te hace percibir los errores que hemos cometido todos y todas en este proceso mal llevado desde el comienzo. La tristeza es inevitable cuando haces balance de lo acontecido. El de este fin de semana, posiblemente fue el último tren, o de los últimos que llevarán por destino “la paz”.

Miles de vascos – yo diría la totalidad – queríamos coger el tren de la paz, ese último tren que existía y que con el comunicado-entrevista de E.T.A. en el Periódico GARA, vemos como se va y se va muy lejos. ¿Qué hemos hecho mal? Es hora de hacer autocrítica, de reconocer los errores que hemos cometido e intentar poner todo lo que esté en nuestras manos para solucionar el “bloqueo” que sufre el proceso de pacificación.

Inevitablemente y a ojos de muchos la culpa es únicamente de E.T.A., Batasuna y su entorno, pero si somos capaces de ver los errores de nuestros vecinos deberíamos ver los nuestros. En primer lugar el comunicado-entrevista de E.T.A. coincidiendo con la celebración del Aberri Eguna y el aniversario del alto el fuego no ayuda mucho a divisar la paz. En un proceso de pacificación, negociación y de forma dialogada no puede haber lugar para las amenazas y mucho menos recurrir en todo momento a la vuelta a la violencia. E.T.A. debe dejar las armas en el armario del pasado, en la historia, en los libros pero nunca más en el presente y mucho menos con vistas al futuro. Cierto es que la postura de E.T.A. no ha ayudado mucho últimamente pero como todo, la culpa no es únicamente suya.

Batasuna, ese reducto político de la ilegalización de “las ideas”, ese conglomerado de colectivos políticos y sociales de Euskal Herria que tienen por objetivo la independencia de los siete territorios vascos – últimamente rebajadas sus pretensiones a tintes autonómicos o federalistas con pinceladas socialistas –, no hace más que lanzar propuestas al escenario político vasco, creyéndose los únicos con potestad para conseguir la tan ansiada paz. Las palabras hace un año eran deseadas y recibidas con ilusión y esperanza pero a día de hoy dejan de ser tan ilusionantes y se piden hechos que respalden esas palabras. Es la hora de que los hechos empiecen a ser la hoja de ruta de superación del conflicto vasco. Es la hora de que Batasuna y su entorno político decida dar un paso, pero un paso de calidad, no un paso más; un paso que se escriba en los libros de historia el día de mañana. El paso que la sociedad vasca está esperando. El paso que signifique la apuesta inequívoca por el diálogo, por la democracia y por la condena de la violencia.

El papel del Gobierno de Zapatero, firme en su posición de no permitir la presencia de Batasuna – digo Batasuna y no izquierda abertzale porque este término es erróneo e inexacto. Eusko Alkartasuna es un partido de izquierdas, socialdemócrata y abertzale (nacionalista); Aralar, una escisión de la antigua Herri Batasuna, que condena la violencia también es un partido de izquierdas y abertzale. Además de estos dos partidos con representación en el Parlamento Vasco existen más colectivos que son de izquierdas y abertzale. Por tanto es erróneo e inexacto hablar de “izquierda abertzale” cuando nos referimos exclusivamente a Batasuna – en las próximas elecciones municipales y forales la entiendo pero no la comparto y creo que este será el principal escollo para recuperar un proceso de paz.

Entiendo su postura ya que aunque sea completamente antidemocrática es la única postura que puede adoptar el Gobierno de Zapatero si quiere seguir gobernando en España. La derogación de la Ley de partidos, además de ser un paso que tiene como consecuencia directa la concurrencia de Batasuna en la actividad política y las sucesivas elecciones, posee una consecuencia indirecta, que sería la pérdida de poder, legitimidad y confianza de los españoles en Zapatero – sin olvidar los continuos ataques del PP –.
La inmensa mayoría de los españoles, acribillados por la campaña mediática manipuladora realizada por el Partido Popular y sus secuaces, ven en la posibilidad de presentarse Batasuna a las elecciones una cesión a E.T.A., y no lo que realmente es: un derecho reflejado en su constitución, la libertad de expresión. ¿Por qué partidos como Democracia Nacional se pueden presentar y Batasuna no? Es la hipocresía que recorre los párrafos de la constitución española y que sirve de alimento diario a los sectores más conservadores del Estado. Sabiendo que la voluntad del Gobierno es la búsqueda de la paz, pero que se ve atado de pies y manos por la radicalidad del PP, poco se puede hacer. Es vox populi que no le sale rentable a Zapatero arriesgar y derogar la Ley de partidos, ya que perdería la presidencia. ¿Qué hacer cuando sabes de antemano que el coste político es mayor que el beneficio resultante? Difícil papel el de Zapatero.

Frente al Caso De Juana, me parece que la actuación del Gobierno fue una jugada maestra, ya que ha conseguido “satisfacer” mínimamente a todas las partes. Como De Juana, han existido miles de casos parecidos como el de Galindo, o casos como los de decenas de presos que vieron como sus penas se reducían por beneplácito del Partido Popular durante su mandato anterior. Tal y como hemos conocido con las últimas detenciones, del Comando Donosita, los miembros de este “Talde” tenían ordenes de atentar si De Juana moría. El gobierno de Zapatero ha sabido moverse con rapidez y ha evitado lo que podría haber sido un mal mayor y el punto final al proceso de paz.

Los errores del Partido Popular a mis ojos son incontables. Además de no aportar nada constructivo al proceso de paz, genera crispación, manipulación e incertidumbre sobre la ciudadanía; dedicándose a atacar directamente y forma deleznable al Gobierno encabezado por Zapatero.
Sin motivo ni razón, Zapatero y sus decisiones políticas son objetivo de ataques e insultos por parte de los populares. El PP propone la ilegalización de EHAK y como aberración democrática que es, lanzo otra aberración: propongo que ilegalicen a los populares por conducta antidemocrática y nada colaboradora con el bienestar de su Estado, Estado del que él también tiene una responsabilidad política. El PP representa a los reductos más nostálgicos del franquismo, más reacios a la libertad, a la autodeterminación de los pueblos, representa el Estado jacobino francés a la española. En el cine como en la vida, segundas partes nunca fueron buenas y “apaños” ideológicos tampoco.

El EAJ-PNV no se libra de la autocrítica y como representación del Gobierno Vasco si que es cierto que podría haber hecho más en todo este proceso. Apostar más fuertemente por el diálogo, dejando de lado sus intereses económicos y sus deseos de permanecer en el poder eternamente. La derecha nacionalista democrática ha pecado y pecará en el futuro de practicar un doble juego – muy parecido al juego que juega CiU –, de opinar una cosa en Madrid y otra muy distinta en Euskadi. De todos modos estoy convencido que le pasará factura en posteriores refrendos electorales.

Sin más dilación, cerrando esta autocrítica, debemos intentar que los ciudadanos vascos y españoles vuelvan a ver el tren de la paz. Esperonequivocarme y que el último tren no haya pasado ya.

Noticias relacionadas

La prueba de las banderas, ya innecesaria

J. LLano, Madrid

Nosotros estamos en lo cierto y ellos equivocados

G. Seisdedos, Valladolid

El nacionalcatolicismo, la póliza especializada

A. Alonso, Madrid

Democracia es mucho más que poner urnas

M. Palacios, Lleida

La tribu como autodefensa

V. Rodríguez, Zaragona
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris