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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

El placer de leer

Francisco Arias Solís
Redacción
domingo, 15 de abril de 2007, 10:02 h (CET)
“Dejaría en este libro
toda mi alma.”


Federico García Lorca

“Yo leo muy poco a mis contemporáneos, no leo apenas libros nuevos -oí que decía un escritor a otro escritor amigo-; ¿y tú?”. “Yo menos -respondió otro-” Y es que en nuestro país ni siquiera los escritores leen a sus amigos.

Según un estudio publicado por el Ministerio de Cultura, más del 40% de las personas mayores de 18 años no lee una libro y más del 60% no compró ningún libro en los últimos años. El número de personas que sabe leer en nuestro país, pero no se preocupan de hacerlo es importante.

En los últimos veinte años se ha registrado un constante ascenso de la oferta editorial tanto en las lenguas del Estado como en el número de traducciones, hasta el punto de que se habla de un exceso de títulos.

En los últimos años las Asociaciones de Escritores, Distribuidores, Editores, Libreros y Bibliotecarios han puesto en marcha campañas de incitación a la lectura. Se nos anima a leer, advirtiendo que mediante la lectura conseguiremos divertirnos, multiplicar ideas, descubrir otros mundos, aumentar la capacidad de convención y mejorar las opiniones que puedan tener de nosotros o satisfacer nuestras necesidades culturales.

El mercado español del libro, con índices de lecturas más bajos que los de cualquier nación europea desarrollada, todavía está lejos de haber alcanzado su techo. La industria editorial española está necesitada de reestructuración y de cambios en su sistema de comercialización. Pero, además las deficiencias del soporte cultural en España siguen siendo un freno a la expansión del hábito de lectura.

Uno de los sectores sobre el que más influyen negativamente estas deficiencias son los niños. Tal vez por ello, y unido a otras causas, los niños españoles leen peor a medida que avanza su evolución escolar.

Hay señales que indican el comienzo de una movilización en el sentido adecuado. Una de las más importantes es, desde luego, la paulatina toma de conciencia del problema, visible en las actuales campañas de sensibilización y fomento de los hábitos de lectura. No hay, sin embargo que echar en saco roto la alarma que suponen los datos del Ministerio de Cultura. La lectura es un asunto que no solo afecta a los individuos, sino el conjunto de la sociedad, y por lo tanto, exige la intervención de todos y también de los poderes públicos.

El beneficio más evidente de la lectura es que el libro aporta conocimientos desde la primera etapa escolar. ¡Bienaventurados los que leen porque ellos descubrirán otros mundos! Y lo que resulta curioso es que antes la gente conocía y reconocía los beneficios del libro, pero no sabía leer, pero al contrario ahora que la mayor parte de la población sabe leer, son muchos los que desconocen los beneficios del libro y el placer de leer. Y como dijo el poeta: “Amigo que no me lee / amigo que no es mi amigo / porque yo no estoy en mí / más que en aquello que escribo”.

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