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Ibiza, la pitiusa
Nieves Fernndez
Qu tendrn las Baleares y en especial Ibiza que atraen a pol ticos, artistas y a toda suerte de famosos en vacaciones. Personajes que se han vanagloriado toda la vida de veranear de manera sencilla fielmente durante aos en localidades como Oropesa del Mar o en Santa Pola, ahora lo hacen lujosa y descaradamente en Ibiza y en Menorca. Pero no hablo s lo de presidentes y expresidentes del gobierno que a lo mejor, pobrecitos, quiz necesitan estar pr ximos a otros gobernantes para despachar con ellos de forma cmoda, hablo tambi n de jugadores de ftbol, gal cticos y no galcticos, del Real Madrid y del Barcelona, de grandes modistos como Giorgio Armani, del posible heredero Andrea Casiraghi, de actrices como Ana Duato, de Bel n Estban, de periodistas telefamosasíí³ como Chelo Corts y de un sin fin de pararazzisé que a todos ellos siguen o al menos eso es lo que se dice en los medios, pero una vez all se demuestra que Ibiza es otra cosa.
S , confieso sin sonrojo que he estado en Ibiza este verano y que no lo hice por un ambiente festivo y lujoso costero, aunque bien que lo apreci en Ibiza capital y en otros puertos. Ibiza, la pitiusa, me atrajo por eso mismo, por ser isla pitiusa, por el deseo que todo humano tiene a veces de perderse alguna vez en una isla no desierta porque de las desiertas..., de esas ya no quedan. Sin embargo, y aunque no los haya buscado, no he visto paparazzisé ni famosos, tan slo en el aeropuerto de Barajas a una acicalada y parlanchina Rosa Villacast n, periodista considerada famosa precisamente por ser seguidora y comentarista de famosos.
De cerca, Ibiza es ideal para perderse en una de sus muchas calas de agua transparente, en playas de arena blanca, inmaculadas a toda polucin o civilizaci n puerca. Ibiza, la pitiusa, rebosa juventud, tanta que es insultante para algunas edades y rebosa libertad en todos sus tipos, libertad de horarios, de costumbres, de ropas, de comidas, de idiomas, de nacionalidades, de miras y de sueos.
Ibiza, la trasnochadora, cuna del imperio hippie, atrapa en sus mercados, mercadillos y lujosas tiendas al veraneante m s rico o ms pobre, m s fino o menos elegante con sus buenas dotes de isla clida y mediterr nea. Las calles estrechas de sus viejos siglos nos contagian una marcha estival slo parecida a un para so insular de tentaciones, de compras, de visitas a sus ciclpeas y prohibitivas discotecas junto a otros atractivos de colorido, de luz y de locura. Sin embargo, y a pesar de todo ello y de calificarla de isla caprichosa y destino tur stico por excelencia de miles de jvenes ingleses, franceses e italianos, se dice este a o que no est llenando sus hoteles y restaurantes de gran alcurnia como quisiera. Quiz sea porque el famoseo ya est de vuelta y busca nuevas islas interiores para adentrarse en su propio verano ntimo y lcito.
De Ibiza, la pitiusa, se podr an decir tantas cosas, se podra elegir el mejor crucero, o los mejores paisajes de pe as y peascos chocando con las olas, o el mejor yate con dorados arabescos y suntuosos salones entre decenas de yates atracados en sus puertos, autnticos tesoros flotantes, pero al ser de secano, una se queda con una preciosa y gratuita puesta de sol aplaudida muy emotivamente, como todas las tardes, por millares de personas, la mayor a jvenes, en uno de los acantilados de San Antonio. Eivissa, isla de contrastes.
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